Las antiguas Becas “Beato Martín de Porres”

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En el silencio de la celda monástica el Hermano Misionero escribe y estudia, añorando las lejanas Misiones. El Hermano ha de tener su tiempo de lectura espiritual y estudio durante los años de preparación religiosa.

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El Beato Martín de Porres, a quien confiadamente muchos misioneros se encomendaban, sabía alcanzar para todos ellos las gracias particulares que más necesitaban. Fray Martín es celestial patrono de los hermanos cooperadores dominicos desde 1938.

Dios creó al hombre no para vivir aisladamente, sino para formar sociedad. El misionero, como embajador y discípulo de Cristo en tierras extranjeras, debe evangelizar difundiendo la belleza de la fe cristiana e inculcando valores para lograr una sociedad más justa. Son héroes anónimos, que se juegan la salud y, en ocasiones, hasta pierden la vida.

Las becas “Beato Martín de Porres” estaban destinadas para ayudar a los jóvenes que ingresaban en el Noviciado Hermanos Cooperadores Misioneros, en Villaba (Pamplona), pues por aquel entonces ya existía conciencia de la valía de un misionero preparado y con buena formación. El hermano cooperador es el que coopera con su trabajo físico o intelectual a una obra común (anteriormente se le denominaba hermano lego). Aún no ha sido ordenado presbítero, pero realiza todas aquellas actividades -apostolado- de las que se siente capaz y que redundan en beneficio de la congregación.

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De todos los puntos de España se realizaron generosos donativos: unos con el fin de ayudar de esta forma a la Misiones; otros admirados por el ideal noble y desinteresado de los HH. Misioneros; otros, al fin, para agradecer al entonces Beato Martín de Porres favores recibidos. Cada beca de 3000 pesetas estaba destinada a sufragar la formación técnica y profesional de un Hermano Misionero. Los misioneros dominicos siempre han tenido presente el compromiso social de la Orden en el mundo y con la iglesia: un flujo por la civilización de los pueblos, en el deber de la hospitalidad, las enseñanzas en la fe cristiana, el conocimiento de las técnicas más óptimas para cultivar la tierra, la ayuda para la construcción de escuelas, hospitales, iglesias, etc.

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En Sudán, en la misión de Yambo, la estatua de la Virgen llevada por los Hermanos Dominicos, recibe el homenaje de la piedad de los fieles (foto de finales de los 50)

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Estas antiguas becas “Beato Martín de Porres”, a través de los PP. Misioneros Dominicos de Villava (Pamplona), buscaban benefactores que sufragaran los gastos de los hermanos misioneros, principalmente en su formación y en la visión de un mundo mejor. Ya precisamente, a mediados de los años cincuenta del siglo XX, tenemos conocimiento de frailes dominicos que parten hacia las Misiones de las Selvas Amazónicas que forman el Vicariato Apostólico de Puerto Maldonado, un vasto territorio tan grande como la mitad de España que por aquel entonces le estaba confiado a los dominicos de la Provincia de España y que sigue bajo la tutela de la Orden de Predicadores. Las becas contribuyeron a que muchos de ellos recibieran la formación religiosa y técnica para desarrollar su predicación adecuadamente a la realidad existente y según los designios del Señor:

Uno de ellos es Fray Máximo Maestro González, natural de Rebenga del Campo (Palencia), que había dejado años atrás su tierra castellana y su ciudad palentina donde residía con su familia. A los 26 años partió, después de formarse en el Noviciado de Hermanos Cooperadores de Villaba, a las queridas misiones de Perú. Buen conductor, mejor mecanógrafo, y más perfecto en su vida religiosa; de trabajo constante y de jovial carácter, desplegó su acción en la nueva misión de Santa Rosa de Puerto Esperanza, en el río Purús. No tardando mucho, se publicarán los escritos que envía de tan lejano lugar. Que Dios le ayudaba cada jornada y lo plasmaba en cartas emotivas desde ese rincón del mundo.

El siguiente misionero, Fray Regino Sánchez Vaquero, natural de Palacios Rubios (Salamanca), que con 28 años de edad ya estaba curtido en sus ideales misioneros antes de partir. Conoció además de los quehaceres domésticos y agrícolas, la construcción del pabellón de Artes y Oficios en el mismo Noviciado de Hermanos Cooperadores de Villaba. Parte en el año 1959, con su sonrisa y alegría propias del religioso misionero que nunca sabe de tristezas, dando ejemplo de vocación para que luego llegaran muchos al Perú detrás de él.

Fray Manuel Marina fue otro misionero español que realizó un gran apostolado entre la tribu de los huarayos que habitaban en los márgenes del río la Torre en la selva amazónicas del Perú. Hombre querido, un día ejercitando la caridad fue herido por una flecha y posteriormente rematado hasta su muerte. A Fray Manuel Marina se le considera como protomártir de las Misiones en el Urubamba y Madre de Dios y a su intercesión se atribuyen algunos favores de carácter milagroso, verificados en aquellas mismas tierras donde él ejerció su apostolado.

Es la Iglesia misma que se pone de vuestra parte. Os lo repetimos con todo el corazón: la Iglesia os estima, la Iglesia os ama, la Iglesia os guarda, a vosotros que habéis tomado en medio de la humanidad la obligación de decir con toda vuestra vida que Dios existe y que Dios debe ser hecho objeto de toda la atención del hombre. Vuestra vida dice propiamente esto”

S.S. Pablo VI

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Secretariado de Misiones Selvas Amazónicas

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