Santo ecologista: San Martín de Porres y la naturaleza

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San Martín, los animales y la naturaleza

Acogía la presencia de Dios en todas las criaturas, pues sabía ver la grandeza de Dios en las obras creadas

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Sabía que la humildad es la tierra en la cual se planta el árbol de la vida cristiana

smp cultivando

Hoy la figura de Martín es un ejemplo de vida cristiana que nos invita a ser defensores de la naturaleza como don de Dios, savia vivificadora que da flores de virtud y frutos de buenas obras. Su ejemplo nos enseña cómo tratar de otra manera la tierra en la que vivimos.

naturaleza - Fr Bill McNichols

El respeto por la vida y por nuestros semejantes incluye el respeto y el cuidado de la creación

Consciente de su necesidad de Dios, Martín enraizó – como ser racional que forma parte de la naturaleza – su vida física y espiritual en el Señor. Tenía la profunda convicción de que los seres humanos somos parte de la naturaleza y sin ella no tendríamos una existencia plena. Martín vio a Dios en la luz y belleza de la naturaleza, pues comprende que en la armonía de la Creación se encuentra el Padre Creador de todo. Y Martín fue, en este sentido, testigo de la vida: amando la naturaleza, cosechando buenas obras y frutos de (en) la tierra para compartirlos con los necesitados. Todo por un mundo mejor. Todo por la gloria de Dios.

A temprana edad sintió Martín la curiosidad -propia de los niños- por los animales, plantas e insectos. Era muy observador y siempre tenía el cuidado de no lastimar a ninguno de ellos. Martín inició su aprendizaje de boticario en la casa de Mateo Pastor. Esta experiencia sería clave para él, conocido luego como gran herbolario y curador de enfermos, puesto que realizaba curaciones menores y administraban remedios para los casos comunes (solía decir: “Yo te curo, Dios te sana”). En Martín confluyeron las tradiciones medicinales española, andina y africana. La medicina, por aquel entonces, estaba enfocada en las leyes de la naturaleza y en la capacidad de aliviar y ayudar en las enfermedades.

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Sembraba en un huerto una variedad de plantas que luego combinaba en remedios naturales para los pobres y enfermos

Calendario 1973 Convento Sto Domingo Cádiz

Los niños aprendían con Martín actitudes de respeto, cuidado y cariño hacia las plantas y los animales, abriéndoles los ojos a un mundo de luz y ternura

Pronto aprendió Martín a conocer todas las hierbas y plantas y sus cualidades curativas. Para ello ocupaba parte de su tiempo en la horticultura, en la siembra de plantas y en la plantación de árboles; plantas con fines medicinales y árboles para recoger sus frutos. Pensaba que las plantas eran para curar a los enfermos, que Dios ha permitido que crezcan para ayudarnos a vivir mejor. Y Dios bendecía sus trabajos con un milagroso crecimiento de sus plantaciones y la curación de los enfermos a los que atendía. En un campo yermo, que había a las afueras de Lima, cultiva y trabaja la tierra para dar los frutos a los más necesitados y así prevenir que tuvieran la tentación de entrar en los huertos del prójimo a robar. Y el campo yermo pronto se hizo fértil. Fue conocido como el “Huerto de Fray Martín”, un huerto propiedad de los pobres qué florecía y daba fruta para todos aquellos que querían cogerla.

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Era una práctica usual en Martín el plantar árboles frutales (naranjeros, higueras, olivos, etc.) en sitios no frecuentados o terrenos públicos no utilizados. Siempre tenía en el pensamiento a sus pobres que podrían beneficiarse de los frutos

el olivo de la felicidad

Con su amor sembraba felicidad en torno suyo

Hay otra bonita historia que cuenta que San Martín de Porres pasaba buena parte de su tiempo visitando un hospital de indios en Limatambo para ayudar a cuanto necesitado de la gracia de Dios hubiese. En los alrededores el lego ayudó a plantar buena parte de la hacienda, que hoy perdura como el gran parque El Olivar (San Isidro, Lima) – una de las tantas sementeras o tierras de siembra donde el santo esparció vegetación–, cubriendo con olivos una extensión considerable que al poco tiempo brotan exuberantes. Una maravilla que recibió el nombre de “Olivar de Fray Martín”.

Según Juan Vásquez de Parra, amigo y colaborador del santo de la escoba, y José Manuel Valdés, biógrafo del mismo, relatan que este propagaba el olivar a través de estacas o codos. Hoy en día, aún se puede encontrar algunos de estos longevos olivos que pueden llegar hasta los 1500 años. Muchas parejas recién casadas se toman fotos por la belleza del parque sin saber que es un lugar bendecido por la mano de Dios.

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La naturaleza nos habla y nos lleva a Dios

Se le reputó control sobre la naturaleza, las plantas germinaban antes de tiempo y toda clase de animales atendían a sus mandatos. Uno de los episodios más conocidos de su vida es aquel en que hacía comer del mismo plato a un perro, un ratón y un gato en completa armonía. En este sentido, siempre tuvo respeto por toda clase de animales.

San Martín de Porres combina el celo apostólico de Santo Domingo con la sencillez y el amor por la naturaleza de San Francisco. Por ello Martín es llamado el “San Francisco de Asís de las Américas”, ya que existe un paralelismo entre ambos santos en ciertos aspectos de sus vidas. Uno de ellos con una máxima indudable: la naturaleza, como conjunto de todo lo que existe, es hermosa porque es obra de la mano de Dios.

por José J. Santana

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