Fray Escoba: La sencillez ensalzada

la sencillez ensalzada

La iglesia recuerda y, sobre todo, celebra la festividad de San Martín de Porres, o del también llamado Fray Escoba.

Este gran santo posee además un valor aún más especial dentro de la Orden de Predicadores. Para ellos, Martín representa un ejemplo de sencillez y honradez sin precedentes. Este dominico del siglo XVI, cuya única pretensión radicaba en estar al servicio de la comunidad se convirtió, simplemente a base de servir y de tener una actitud samaritana con todos los que a él llegaban, es un modelo de vida, un ejemplo auténtico de vida al servicio del Evangelio.

Llegaron a Cafarnaúm, y una vez en casa les preguntó:

      – ¿De qué discutíais por el camino?

Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante. Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo:

– Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos.[1]

Martín no se propuso ser el santo más grande de su Orden, sino que desde el principio llegó con el único deseo de estar a disposición de los demás. Se decía que para él el ser dominico era un honor demasiado elevado como para aspirar a serlo. Así fue como siendo el servidor de todos se convirtió en uno de los grandes santos peruanos, junto con Rosa de Lima y Juan Macías.

Pero a mi modo de ver, lo que también nos puede llamar la atención de este buen santo es que encarna el modelo actual y vanguardista sobre la capacidad de liderazgo. Dicho modelo, lo que plantea fundamentalmente, es que para ser un buen líder hay que servir. Esto se ejemplifica con una pirámide invertida, donde la punta se encuentra en la base, en la que se encuentra la voluntad como primer peldaño. Seguida por el amor (ya que sin la voluntad de amar no hay amor), la capacidad de servicio y sacrificio, la autoridad y, al final, el liderazgo.[2]. A día de hoy no se puede entender un buen funcionamiento directivo en una empresa sin que el responsable sea el primero en dar ejemplo, esto es, en ponerse en marcha (voluntad), ponerse en juego (amor), participando con toda su capacidad intelectual y emocional (capacidad de servicio y sacrificio) y su capacidad de coordinar y dirigir (autoridad). Lo curioso de fray Escoba es que él, un hermano cooperador, sin aspirar a ser prior ni superior del convento, adquirió una reputación, una fama, que rara era la familia de Lima que no hubiese recibido trato por su parte. Se convirtió en un líder espiritual siendo el primero en el servicio.

Martín no tuvo una línea particular de misticismo, pero su vida, su obrar y gestos con los más necesitados le condujeron a una experiencia auténtica de Dios. Martín no sólo se implicaba sino que se comprometía con todos, los escuchaba activamente, era afable en su obrar.

Martín de Porres, sin lugar a dudas, es un santo para nuestro tiempo, un modelo al que mirar en nuestros días pues contradice la filosofía imperante del tener, del “mí, mío”. Es un referente en el camino hacia la Verdad, pues como dice Timothy Radcliffe: “la búsqueda de la verdad está enraizada en la vida de caridad, en romper con el enganche del egoísmo, que sella con los pronombres “yo” y “mío” todo cuando ve”. [3] Fray Escoba supo romper este enganche, pues sus acciones estaban impregnadas, según lo podemos leer en sus biografías[4], de un amor sin precedentes. Es de este amor desinteresado, servicial, atento y cuidadoso del que estamos más que necesitados. Tal vez por esto mismo, el profético Juan XXIII, el papa que lo canonizó, dijo de él: “Martín excusaba las faltas de otro (…).Procuró de todo corazón animar a los acomplejados por las propias culpas, confortó a los enfermos, proveía de ropas, alimentos y medicinas a los pobres, ayudo a campesinos, a negros y mulatos tenidos entonces como esclavos. La gente le llama ‘Martín, el bueno’.”.

Ojalá Martín inspire en nosotros deseos generosos de dar sin esperar recibir, de escuchar sin necesidad de que seamos escuchados, en definitiva, de ponernos en juego sin la urgencia de esperar nada a cambio…

Autor: José Chamorro – desdelaquietud.blogspot.com.es

[1] Mc 9, 33 – 35

[2] HUNTER, J. C. La Paradoja. Urano, Barcelona 20019

[3] Ser cristianos en el siglo XXI. Sal Terrae, Santander 2011, 141

[4] VELASCO, S. San Martín de Porres. Edibesa, Madrid 1992

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