Siervo de Dios Antonio Vicente González, “el Buen Pastor Canario”

Siervo de Dios Antonio Vicente González

Retrato del Siervo de Dios Antonio Vicente González realizado por J. Suárez.

Antonio Vicente González Suárez nace en la Villa de Agüimes (isla de Gran Canaria) el 5 de abril de 1817. Hombre incansable y de gran talla intelectual, desempeñó múltiples tareas siempre con espíritu servicial: párroco de Santo Domingo de Guzmán de Las Palmas de G.C., fiscal de la Diócesis de Canarias, secretario, vicerrector y catedrático de Teología fundamental del Seminario Diocesano; aunque será especialmente recordado por la esmerada atención a sus feligreses, de su generosidad con los más necesitados y con aquellos que acudían a él buscando ayuda.

Gran orador, distinguido y elocuente, sus homilías eran escuchadas con admiración. Asimismo, el Siervo de Dios Antonio Vicente fue una persona en la que destacó la virtud de la Fe: que dio como fruto su testimonio vivencial de mártir de la caridad y de la obediencia. Sobresalió en su sacerdocio por su amor a los pobres y a los enfermos, desprendiéndose de lo que era necesario y anteponiendo su propia salud por servir al prójimo. Como buen pastor había encontrado la fuerza y el alma de lo que sería su vida heroica en su amor especial a la Eucaristía y la devoción filial a María, profesando especial veneración a la Virgen del Rosario y a la Virgen de los Dolores del barrio capitalino de Vegueta.

Fue el obispo Monseñor D. Luis Folgueras, Obispo de Tenerife, quien ordenó sacerdote a Antonio Vicente, el 19 de Enero de 1845, en la iglesia parroquial del Puerto de La Orotava (actualmente iglesia de Nuestra Señora de la Peña de Francia, Puerto de la Cruz). El obispo de la Diócesis de Canarias, Monseñor Romo, cumplía condena de alejamiento de Canarias (1842 -1845), impuesta por el gobierno liberal de la época, por el único delito de haber defendido la libertad de la Iglesia. Desde su ordenación como sacerdote fue responsable de la parroquia de Santo Domingo, en el barrio de Vegueta (Las Palmas de G.C.). Tuvo el honor de ser el primer párroco que tuvo Santo Domingo; desarrollando con éxito su labor apostólica, no en vano se había educado entre los dominicos de Agüimes lo que le permitió una concienzuda preparación. Pero el destino quiso que su labor religiosa se viera perturbada dramáticamente por dos episodios históricos, de consecuencias nefastas para la población grancanaria de la época: una tremenda hambruna y la posterior epidemia de cólera, que dejó un reguero de muerte en la Isla. Se volcó en la ayuda a los apestados del cólera morbo, y víctima de su atención a esos infectados contrajo la misma enfermedad, de la que murió al poco tiempo en Las Palmas de Gran Canaria a la edad de 34 años. Su muerte fue muy sentida en toda la isla, quedando muy afectado por su fallecimiento el Obispo Buenaventura Codina a quién le unía una gran amistad. Ambos se distinguieron en su dedicación a los pobres, obediencia a la Iglesia y entrega a las víctimas de la epidemia de la Cólera. El recuerdo y devoción de estos dos siervos de Dios ha permanecido vivo entre los fieles, principalmente en la isla de Gran Canaria.

Continuamos recordando, algo más detalladamente, los acontecimientos vividos y la ejemplaridad cristiana de este sacerdote canario, mártir de la Obediencia:

En 1847, la isla padece la calamidad del hambre, y frente a la Iglesia, D. Antonio crea un pionero centro de caridad donde reparte sus ingresos con los pobres. En esta época de hambre en las islas, acogió y daba ropa a los necesitados, aunque él mismo no tuviera abundancia. Algunos años después, en la primavera de 1851, el horror comienza en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, concretamente en la Vega de San José, donde una mujer enfermó de forma repentina y murió al día siguiente. Las condiciones insalubres en la cual vivían las clases más pobres, faltos de comida y debilitados, propiciaron la rápida propagación de las enfermedades y, en las noches siguientes, el miedo se apoderó de parte de la población de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, que huyó despavorida. Para fortuna de algunos, ahí estaba el religioso Antonio Vicente González, “que primero trató de alimentar a los más necesitados y, ya con una plaga de cólera encima, se dedicó a hacer de médico, de padre, de hermano y de sacerdote”; convierte la vivienda donde realizaba el reparto de alimentos en un pequeño hospital, al que acude cada día para visitar y aliviar a los enfermos, no habiendo calamidad ni enfermedad que dejara de atender. Finalmente, acabó por contagiarse de la enfermedad que lo lleva a una hermosa muerte a los ojos de Nuestro Señor Jesucristo. Antonio Vicente había manifestado a sus feligreses, al arreciar el cólera morbo, en junio de 1851: “Yo vendré todos los días a las siete de la mañana a celebrar la misa, de no llegar es porque el Señor ha aceptado ya el sacrificio de mi vida”. Llegó la mañana del día 23 de Junio y Antonio Vicente no aparecía. Comentaron todos: “nuestro Cura ha muerto“, y así fue, víctima voluntaria del contagio de la peste y del cólera había fallecido el día anterior, 22 de Junio de 1851, después de haber celebrado su última misa. Pasaría a la historia como “el Buen Pastor Canario”, como así lo proclamó a modo de merecido homenaje la comunidad diocesana. En recuerdo a una ejemplar vida cristiana cada 22 de junio se realizan diversos actos en su homenaje, tanto en la parroquia de San Sebastián de Agüimes como en la parroquia de Santo Domingo de Guzmán, en Las Palmas de Gran Canaria.

Escultura Siervo de Dios Antonio Vicente González

Escultura del Siervo Antonio Vicente González junto a su casa natal, en la Plaza de Santo Domingo (Agüimes), donde todos los años se le realiza una ofrenda floral en su recuerdo. Foto Domingo Martín.

El 19 de mayo de 1998 se clausura el proceso diocesano de canonización. El Obispado de Canarias actualmente investiga, con la aprobación del Vaticano, un presunto milagro, ocurrido entre 2005 y 2006, atribuido a este siervo de Dios a quien se encomendó una familia de Gran Canaria para salvar la vida a uno de sus miembros, aquejado de un aneurisma de cuarto grado que le mantuvo dos meses en coma¹.

En la actualidad existe una biografía sobre su piadosa vida titulada «No encontraron su tumba» escrita por Don Juan Artiles Sánchez, Vicario Judicial de la Diócesis de Canarias y Canónigo Chantre de la Santa Iglesia Catedral.

(¹).- El 23 de Junio de 2011 fue clausurado, en su fase diocesana, el procedimiento “super miraculo” de un presunto signo atribuido a la intercesión del Siervo de Dios Antonio Vicente González. El Señor Cardenal Angelo Amato, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, conoce la vida de nuestro querido párroco, ya que el procedimiento de heroicidad de virtudes de este siervo de Dios se encuentra muy avanzado, y cuyo postulador romano del proceso de beatificación es el Padre Fray Antonio Sáez de Albéniz. Pedimos a Dios, unidos en la oración, para que muy pronto el Siervo de Dios Antonio Vicente González sea beatificado. En este caso sería el primer canario beatificado que realizara su misión y muriera en nuestra tierra canaria.

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Siervo de Dios Antonio Vicente González, santo por la cólera de Dios

Siervo de Dios Antonio Vicente González: Diócesis de Canarias

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