Beato Manuel Lozano Garrido, “Lolo”

A pesar de tener los miembros entumecidos, él se movía ágilmente con el corazón y con la mente, viajando por los cielos de la verdad y la belleza.

Manuel Lozano Garrido, conocido amigablemente por Lolo, nace un 9 de agosto de 1920 en la localidad jienense de Linares. Escritor y periodista, enfermó de una parálisis que le obligó a vivir gran parte de su vida en silla de ruedas (“el periodista de la silla de ruedas”), y en sus últimos años, además, quedando ciego. En 1956 funda la revista Sinaí dedicada especialmente a personas enfermas. Durante la década de los 60 fue prolífico en actividad literaria y periodística, lo que le valió el primer premio “Bravo” de periodismo (1969). Nos dejó un legado de maravillosos libros con títulos tan sugerentes como: “Mesa redonda con Dios”, “Cartas con la señal de la Cruz”, “El sillón de ruedas”, “Bien-venido, Amor” o “Dios habla todos los días”. Sus escritos y su vida fue de una desbordante alegría y amor hacia el prójimo. Fallece el 3 de Noviembre de 1971. El 5 de noviembre de 1994 se inicia el proceso de canonización en Jaén, y el 27 de abril de 1996 la apertura del proceso en el Vaticano. Fue beatificado -como la gracia bautismal- una lluviosa tarde del 12 de Junio de 2010, durante una concurrida y hermosa celebración presidida por Angelo Amato, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos; y concelebrada por el Nuncio Renzo Fratini y una veintena de prelados, entre ellos algunos españoles.

La beatificación en Linares (Jaén), el día 12 de junio, de Manuel Lozano Garrido, “Lolo” (1920-1971), nos pone delante de una figura llena de paradojas: una persona inmovilizada que ejerce el apostolado con entusiasmo; alguien aquejado de una dura y prolongada enfermedad, que transmite una profunda alegría; un periodista cuyas manos no responden y que publica cientos de artículos y varios libros; un ciego que encuentra en cada día “una respuesta de luz”…

Rafael Santos Barba

La fiesta del Beato Manuel Lozano se celebra, al igual que la de San Martín de Porres, el 3 de Noviembre. Dos ejemplos de cómo se puede alcanzar la gloria haciendo bien las cosas más normales. Una santidad basada en realizar las tareas cotidianas con amor y espíritu de servicio cristiano.

Oración (petición de favores) 

Oh Dios, que abriste el tesoro inmenso

de tu Amor a tu siervo Manuel para que

él, sumergido en el dolor, desde su sillón

de ruedas, lo proyectase a los hermanos

con su testimonio y escritos.

Concédenos que le sepamos imitar en su

aceptación dócil y esperanza ilusionada,

cuando el sufrimiento llame a la puerta

de nuestra vida, y en su generosidad

plena y ardor apostólico, cuando

tratemos de darnos a los demás;

Dígnate glorificar a tu siervo Manuel y

concédeme por su intercesión

La felicidad es una activa, sencilla y esforzada germinación interior que hay que fructificar con luz y renuncia, sol, heridas y sobre todo con la petición humilde del riego a quien vela por nosotros.

Beato Manuel Lozano Garrido

≈ ≈ ≈

Lolo vivió la mayor parte de su vida en una silla de ruedas. Él fue golpeado, como Job, por enfermedades que anulan, como la parálisis y la ceguera. Y como Job repetía con fe: “Yo sé que mi redentor vive ” (Jb 19,25). Animado por esta esperanza, transformó su Calvario de sufrimiento en un Tabor de gloria junto al Señor Jesús.

Con los ojos del cuerpo apagados, él aguzó los ojos de la fe para poder captar en él y en el prójimo la luz del Espíritu. Por eso solía decir que las estrellas se ven de noche. A pesar de tener los miembros entumecidos, él se movía ágilmente con el corazón y con la mente, viajando por los cielos de la verdad y la belleza. Sus limitaciones físicas lo hicieron más sensible a las armonías del espíritu, de modo diferente a nosotros, que, aturdidos por la marea de fútiles imágenes cotidianas y entorpecidos por el estruendo de sus sonidos, no somos capaces ya de percibir el canto de la creación y terminamos por convertirnos nosotros mismos en ciegos y sordos.

Lolo, sin embargo, veía y comprendía las miles de presencias benéficas de la divina Providencia en su vida personal y en la historia de la humanidad. Por esto, su existencia no estuvo marcada por la tristeza, sino por la alegría; no por el llanto sino por la iniciativa apostólica; no por la soledad sino por la comunicación y la amistad con todos, grandes y pequeños, sanos y enfermos, pobres y ricos. La suya fue una existencia de auténtica santidad evangélica. (Amigos de Lolo)

Enlace recomendado Asociación Amigos de Lolo

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