San Martín de Porres, el hombre que fue santo

San Martín de Porres, el hombre que fue Santo

Entrevista realizada por PAX TV al Doctor José Antonio del Busto, historiador y autor de una de las biografías más importantes realizadas sobre la vida y figura de San Martín de Porres (por José Antonio Benito)

Uno de los grandes historiadores maestros de la Historia del Perú es el Dr. José Antonio Del Busto y uno de los personajes más entrañables retratados por él ha sido San Martín. Muchas gracias por haber cedido estos minutos para hablar de San Martín de Porres en el contexto peruano.

Podíamos comenzar, Doctor, ubicando a nuestro personaje.

Dr. José Antonio Del Busto: Cuando nace San Martín de Porras en 1579 Lima no pasaba los 80.000 habitantes y de los cuales la quinta parte serían negros esclavos procedentes del África en la primera generación, Lima era una ciudad como lo he escrito alguna vez, entre beata y pecadora, había en realidad de todo pero no deja de sorprender que haya sido una ciudad de santos.

¿Cuáles serían los rasgos más destacados de esta figura?

–  Yo me empecé a interesar en San Martín de Porras como católico, como peruano, como historiador, y me encontré con una triple sorpresa: encontré al hombre, encontré al hombre superdotado y encontré al hombre santo, que son tres cosas distintas ¿No?; En cuanto al hombre físicamente era muy oscuro porque mientras su hermana era mulata clara él era mulato prieto, entonces él prácticamente negro. Por otro lado se sabe que era flaco por las posturas que tomaba; era un hombre que caminaba con los brazos cruzados, eso no lo puede hacer un hombre gordo  ni lo hace y es un hombre que se sienta en el suelo prefiriendo el suelo a una silla y al mismo tiempo que se abraza las rodillas, esto lo hace solamente un flaco esto no lo puede hacer un gordo, ya después va a reducirse en tamaño y a crecer en grosor. En cuanto a lo segundo era un hombre con poderes parasicológicos este no es el hombre común sino con poderes superdotados lo que se llama, porque tiene dotes por encima de los que debe de tener un hombre común ¿no?, o sea, que era un hombre que veía a otro hombre, y yo no sé si consciente o inconscientemente, interesada o desinteresadamente, sabía lo que le pasaba en su vida personal. Y en tercer lugar me encontré con el Santo; es una dimensión muy personal, muy especial, muy singular, muy de  época, es un Santo de su siglo, es un Santo pre-barroco, es un Santo de la Lima de ese entonces, es un Santo penitente, es un Santo flagelante mas no por eso es masoquista y la prueba de que no es masoquista es que cuando le prohíben el interrumpe si él fuera masoquista habría tenido que seguir aunque sea a espaldas de las órdenes de sus confesores que se lo hacían interrumpen. Y el hombre Santo es el hombre que se le tiene que ver muy vinculado a Dios que es lo único que le interesa, porque no le interesa la opinión de los hombres si no le interesa la opinión de Dios y él establece con Dios un  vínculo mediante la oración unitiva que es un poco identificarse de alguna manera, que al menos nunca me ha ocurrido a mí, pero que parece que es algo muy completo y que al mismo tiempo se va pasando por unas situaciones tremendas, pero así como suenan tremendas que son la noche de los sentidos y la noche del espíritu ¿no?, el camino de los místicos flagelantes de San Juan de la Cruz; otros Santos no pasan por aquí, pero estos si porque tiene que pasar.

Lo que usted registra también distintas anécdotas, como cuando comulgaba él se escondía incluso para prepararse y luego sobre todo para la acción de gracias.

–  Él no comulgaba todos los días porque él no podía comulgar todos los días, ¿no?. Porque así la norma era que determinados días de la semana…, entonces el día que él comulgaba se ponía al final de la fila, era el último en llegar al comulgatorio. Antes se preparaba de una manera que podemos decir normal, pero en cambio después se aislaba en una forma que no es anormal pero sí no es común; entonces él, por ejemplo, para que no lo fastidiaran ni lo vieran, sobre todo para que no lo vieran porque no era exhibicionista, en absoluto, se metía de bajo de la cátedra de la sala capitular. Como era hueca se arrimaba se metía y la volvía a jalar. y se quedaba allí echado metido todo el tiempo en esa soledad en la que cultivaba su meditación, su oración o su acercamiento a la divinidad ¿no? Él, en la soledad, pierde la noción del tiempo pero la pierde de tal modo que cuando lo necesitan se recupera y acude a donde debe de acudir.

Y como fruto luego de esa eucaristía era que se seguía regalando ¿no?

–  Si bien tenía sus obligaciones para con los humanos a los cuales curaba, pero a veces de 60 en 60, como cuando hubo la famosa peste de la alfombrilla entre los novicios, ¿no?, entre los que cayeron 60 muchachos y tuvo que curarlos a todos y los puso de pie, pero él tenía además un sentimiento especial para con los animales y que eso ya no se llama caridad eso es lo que se llama compasión. Pero hay un hecho que es muy desconocido que sin embargo a mí me impactó y es que en su mezcla de caridad por un lado y de compasión por el otro, habían llevado los frailes al claustro menor del convento que todavía existe es un tugurio ahora y habían metido unos toros para que los muchachos capoteen, él capoteaba, él capoteaba con el manteo en las lomas de Abancay y después se olvidaron de los toros y los dejaron allí dos días sin comer, entonces allí es donde se descubre una cosa, que, como les digo, me impactó, es que él de noche con unos botijos grandes arrastrándolos llenos de agua se los llevó a los animales y les dio de beber, pero les dio de beber atravesando las puertas cuyas llaves no tenía, y volvió a salir y volvió a entrar y cuando terminó su misión dos, tres veces y quiso salir, salió él pero no los cántaros que se rompieron, para dar testimonio dicen de que eso era lo que había ocurrido.

¿En qué se distingue este santo de otros santos?

–  En primer lugar cada santo pertenece a una época y cada santo pertenece a un lugar, si al santo lo quitan de ese sitio o lo ponen en otro tiempo, entonces resulta que no está donde debe de estar y no termina rindiendo el fruto debido, pero cuando coincide -porque las cosas coinciden porque como el agua que va corriendo que va buscando su camino- pues las cosas salen bien, este es el caso de san Martin de Porras que sí era querido y lo que fue tremendamente multitudinario fue su entierro, su entierro fue algo tremendamente masivo y allí si lo conoció todo Lima a pesar de que él pertenecía solo a un barrio, solo a un convento, pero el entierro de Martín de Porras fue apoteósico. El olor de santidad se mantuvo así honoríficamente en el ambiente el día de su muerte. En los alrededores del convento hubo un olor especial no desagradable que rodeó todo el edificio y todo el barrio, y esa misma noche se esfumó. O sea, que está registrado como algo raro que ocurrió entonces.

¿Cuál es el mensaje de San Martín para nosotros que vivimos en este mundo globalizado, en este mundo problemático, en este mundo que quiere construir un Perú fraterno y reconciliado?

–  Este fue un hombre que sabía lo que quería; y eso es muy importante, porque cuando una persona sabe lo que quiere, entonces esta una persona está apta para seguir caminando y alcanzar su meta, si no sabe lo que quiere ha muerto, porque se pasará la vida haciendo cuarenta cosas sin dedicarse a nada en lo que verdaderamente haga el bien ¿no? Y San Martín sabía lo que quería, él estaba muy convencido de lo suyo y por eso es que se flagelaba y por eso es que tenía penitencias de sangre, todo muy de acuerdo con su época barroca o pre-barroca. También es interesantísimo todo lo que tiene que ver con su vida, lo que tiene que ver con su celda, con su lecho, con su mobiliario y cómo él, incluso con frecuencia, se dormía en cualquier sitio, incluso en la litera en que llevaban a los religiosos muertos a enterrar.

¿Alguna devoción así en particular, por ejemplo por la Virgen María?

–  Por la Virgen del Rosario, de los Santos, Santo Domingo de Guzmán, pero sobre todo el culto de latría ¿no?, O sea, él iba directo a Dios desde hiperdulía con la Virgen y el de dulía con Santo Domingo de Guzmán Santa Catalina de Siena y después San Vicente Ferrer y era un santo que no he podido identificar y que él llamaba un poco pues burlonamente “San Auxilio”; ¿quién era?, no se sabe, pero él le tenía esa devoción, san auxilio no existe o sea era alguno al que le había puesto este sobrenombre.

Doctor,  tengo por aquí este libro magistral con el que nos ha obsequiado y yo vi algo cuando empecé a leerlo como que usted quería poner distancia del personaje para que fuese lo más objetivo posible, ¿no?, e incluso como que le trataba un poco duro, para evitar este santo milagrero, este Santo que ha vivido allí siempre en la peana y como que le tenía muy cuadrado, pero he observado también que a medida que va avanzando el libro te atrapa, como que usted también va perdiendo esa aptitud y que le gana el personaje  y que le cobra un gran cariño.

–  Yo quedé muy contento de esto, tan contento que a veces el Dr. se da cuenta que en vista que descubrí ese personaje triple en uno, el hombre común, el hombre superdotado por una serie de cosas parapsicológicas y en tercer lugar, acaso el primero, el hombre Santo; algo muy difícil de negar, pero que bueno, finalmente si uno no ve el sol ve su resplandor, así que esto fue un poquito lo que hice yo.

Doctor, le agradecemos muchísimo por la obra y por este tiempo más generoso que nos ha concedido, una obra de historia que tiene mucha vida. Santa Teresa de Jesús decía que le gustaba engolosinar a las almas con Dios, el Dr. José Antonio del Busto nos ha engolosinado con la gran figura de San Martín.

Fuente: es.paperblog.com

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