Fiesta de San Martín de Porres, hermano cooperador (por Fr. Andrés Flores)

hermano cooperador

Fiesta de San Martín de Porres, hermano cooperador

Martín de Porres nació en Lima en el año 1579. Hijo de un caballero español, Juan de Porres y de madre mulata liberta, Ana Velázquez. Ingresó como donado en el Convento de Ntra. Sra. del Rosario en Lima, dónde más tarde, fue admitido a la profesión solemne en calidad de hermano cooperador en 1603. Hay que resaltar su caridad entre los más pobres y su delicadeza con todas las personas que se relacionaba, incluso con los animales. Murió el 3 de noviembre de 1639. Fue contemporáneo de Santa Rosa de Lima y San Juan Macías. Beatificado por Gregorio XVI, en 1837 y Canonizado por el Beato Juan XXIII, el 6 de mayo de 1962.

“El hombre bueno saca el bien del buen tesoro de su corazón, el malo de su mal corazón saca lo malo. Porque de la abundancia del corazón habla su boca.” (Lc 6, 45)

Con esta frase del pasaje del evangelista de Lucas, he querido hacer referencia sobre la persona de San Martín de Porres, un santo de nuestra querida Orden de Predicadores. ¿Cuánto tesoro tendría nuestro hermano Martín de Porres guardado en su interior? Muchísimo, no sólo su vida de ejemplo evangélico, sino de predicación, porque supo poner en práctica esos talentos y esa compasión dominicana con su escoba, que es la sencillez. Desde que sintió la llamada como fraile dominico, en aquel convento del Santo Rosario de Lima, se sintió urgido a predicar, no con una gran oratoria, sino desde una elocuente sencillez de vida, que siempre le caracterizó: la humildad, la cercanía, la misericordia, y, cómo no, el saber escuchar y comprender a tantos hermanos y hermanas. Supo pedir no sólo el pan cotidiano que sacia el hambre, sino el pan del evangelio, el pan de la ternura, el pan de la compasión, el pan de tantas necesidades que no sólo en aquel tiempo haría tanta falta a aquellas personas.

¿No hace falta también que seamos Martin de Porres en el siglo XXI? Sí, es necesario que hayan gentes que, como Martín, sepan creer y practicar las bienaventuranzas, siendo audaces y realistas a la hora de interpretar los signos de los tiempos para saber, verdaderamente, cuáles son las necesidades de los hombres y mujeres en cada momento. Y ¿hoy? ¿Qué mirada tendría Martín? La mirada sería la misma, pero quizás serían otros los medios para servir a los necesitados. Y todo ello sin pretender ser salvador de nadie, sino un sencillo seguidor de Jesús de Nazaret que, entregado al Reino, vivió con entusiasmo la alegría de seguir al único Señor al estilo de Santo Domingo.

La abundancia del corazón, la vida interior, es algo que supo cultivar Martín de Porres desde una sencilla contemplación. Esa fue la fuente que cultivó desde la portería, la sacristía, los enfermos, los niños y los pobres. En su vida sintió el Amor de Dios, el cual supo entregar a los demás generosamente.

Fray Martín se suma a esas personas que han creído y creen en Jesús y su proyecto, convirtiendo su vida en una entrega apasionada por Cristo y los demás. Así fue la existencia de nuestro querido fray escoba. El “no se los digáis a nadie” hizo que llevase una vida de silencio. Porque las grandes cosas hechas con amor son las que se muestran siempre con humildad. Por eso hay que dar gracias al Padre porque ha querido dar a conocer sus cosas a las gentes sencillas y abiertas a su realidad y proyecto, como fue nuestro querido Martín de Porres. Aprendamos desde su vida a vivir para los demás con esa pasión por el Reino.

Fr. Andrés Flores Outerelo

Santo Tomás de Aquino, Sevilla

Fuente: ser.dominicos.org

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