Niño Jesús Enfermero

¡Por tu Santa Infancia, de todo mal, Líbranos Jesús!

Santo Niño Jesús Enfermero

Anuncios

AMOR-DEI

AMOR-DEI

El Infinito se miró a Sí mismo:
Se conoció: era inmenso, sin fronteras…
Y su infinito y fiel Conocimiento
fue —Dios Hijo— su Verbo, Eterna Idea.

Y al conocerse, amóse:
y fue su Amor —Amor de Dios— su Esencia,
que con alas de nívea Paloma
entrelazó sus Sienes sempiternas.

¡Dios se amó! Y al amarse, de sus ojos
—puro gozo hecho luz— brotaron perlas,
que el beso de sus labios
tradujo en  impalpables gotezuelas…

¡gotesuelas de aljófar que han formado
los mundos que el azul del éter pueblan!

     José C. Quintana Sánchez (1948)

Foto: Parroquia de Santo Domingo de Guzmán (La Orotava)

Tu nombre me sueña pura y frágil

Tu nombre me sueña pura y frágil

Me sobrecoge la exacta verticalidad de tu nombre
que abrasa la saliva al convocarlo.
Me asfixia su permanencia,
que desborda mi capacidad de nombrar,
y solo consigue que la piel se transforme en ceniza.
Me asombra su densidad pastosa,
que tatúa mi boca, atraviesa mi vida,
la horada y la desgarra,
en un instante agudo de dolor hermoso.
Cómo no dedicarte mi mirada y mi horizonte,
mi caricia y mi palabra de futuro.
Cómo no admitir el silencio
como única promesa en nuestras vidas,
opaco al poder de exhibición
que transmuta los seres en objetos,
y aplasta lo que vive con su peso.
Tú certificas mi existencia. Tu nombre me reclama,
su sonido habita mi caverna, y me sueña lenta,
pura y frágil, extendida al firmamento de tu rúbrica.

                         Asunción Escribano

El Poeta al Niño Jesús

El Poeta al Niño Jesús

¡Pedacito de pan!… ¡Amor querido!
¡Cuántas veces el llanto derramando
has venido mi amor solicitando
cuanto más te dejaba en el olvido!

¡Me llamabas con lánguido gemido!
¡Preguntabas por mí! ¡Tu acento blando
recogían las auras. Yo, nefando,
como de negro bronce endurecido

volví la espalda, me oculté a tus ojos,
estiércol prefiriendo de placeres.
Mas heme arrepentido que de hinojos

vuelvo a tus pies, que de las almas eres
flor de consuelo, del perdón la clave,
paz del que llora. ¿Que tu aliento suave

derramas en mi rostro compungido?
¡Con tus ojos me hieres,
pedacito de pan!… ¡Amor querido!…

      Pedro Marcelino Quintana
“Antología Poética del Licenciado Pedro Marcelino Quintana” (1886-1952).

Sangre de mártires

La sangre de los mártires

SANGRE DE MÁRTIRES

Sangre de mártires, sí, que hará florecer y embellecer, más y más el jardín de Cristo. Jóvenes que caen en tierra de misión, henchidos sus pechos de esperanza. La furia salvaje de la bestia humana se ha ensañado en unos servidores del Señor, que han caído humildes, valientes, apretada la Cruz en sus manos, mirando al Cielo. En ese instante supremo, Dios les ha acompañado más que en ningún otro. Habrán tenido la visión retrospectiva inevitable de toda tragedia; sus madres, su tierra, su vida infantil… Y, después de ser esculpidos y arrastrados, habrán muerto con una plegaria en sus labios. Alguien podrá exclamar: ¡pobres misioneros! Pero se equivocan quienes les compadecen, porque han ofrendado sus vidas por el más alto ideal. Han crujido sus huesos, han cegado sus ojos, han roto sus entrañas y, en definitiva, los han divinizado al convertirlos en héroes de Cristo, otorgándoles el máximo galardón a que pueda aspirar un ser humano.

Yo imagino a este grupo, con sus hábitos blancos, al pie del Sagrario, hermanados ante la muerte en la morada de Dios. Fuera, un batir de tambores -el siniestro “tam-tam”-; entre aullidos de fieras. Dentro, la luz mortecina de una lámpara y un susurro valiente y sereno de plegarias. La pasión sanguinaria que avanza. El pelotón de Cristo que espera con el alma en vilo. ¿Qué pueden contra ello las flechas, el odio, la tortura, la muerte? En ese instante supremo, las campanas de todas las iglesias habrán repicado a gloria en el corazón de estos mártires. En ese momento sublime, la mirada del Señor les habrá inflamado de santo orgullo. Y todo el orbe católico ha hecho sonar en sus oídos un himno clamoroso de amor, infundiéndoles valor y alegría.

Quién fuera poeta para poder cantar, con versos ardorosos, la gesta magnífica de estos mártires del Evangelio, gritando por todos los confines estrofas de amor y compasión a los verdugos, de reverencia y exaltación a las víctimas. No saben esos pobres asesinos que la sangre de mártires embellece y perfuma el jardín del Señor. No piensan esos caníbales de carne cristiana que sus banquetes macabros son una ofensa, pero también un servicio a la Iglesia de Cristo. No imaginan siquiera que cada uno de estos soldados que caen empuñando su cruz, hace surgir legiones de cristianos que, con brío redoblado, les siguen, les rezan y les glorifican.

Desdichados secuaces de la barbarie materialista, que en tierras de Rusia, de Cuba o del Congo aspiran a extirpar la semilla de Dios con el espectro del tormento y de la muerte en siervos de su causa! Olvidan que Aquel divino soñador que paseó sus sandalias por los campos de Palestina, ya anunció la buena nueva de estas persecuciones, como un renacer glorioso de su doctrina. Son ellos, sus discípulos, los mejores, los que buscan con gozo el tormento, los que no saben gritar, sino rezar; los que no temen la muerte, sino la desean; los que desafían la vesanía de tales jerifaltes, con una mirada de perdón.

Benditos sean los que así saben honrar al Señor. Honor y gratitud hacia esos, misioneros, que han muerto con el beso de Dios en sus frentes.

Carlos Ramírez Suárez, “En la ruta de mis recuerdos” (1976)

* * *

Por los mártires: Testigos

Sois fuerza, sois alma, sois tierra;
sois signo de vida y grandeza.
Sois faros, luceros, faroles;
sois luz, sois credo y bandera.

Hombres, mujeres del mundo
que en Dios pusisteis el rumbo
y frente a barbaries humanas
sois fuego y carne y triunfo.

Marcáis de estrellas los cielos
guiando a la Iglesia de Cristo.
Testigos del Dios más profundo
que salva y destierra lo inmundo.

Blasones de perlas y mármol,
entrega, valor, sacrificio,
consagrados y peregrinos,
la sal, la luz, el compromiso.

Sois, pues, los mártires de Cristo
que es Camino, Verdad y Vida…
¡Sois testigos!

Hoy la Iglesia Católica celebra la festividad de San Esteban, el primer mártir (protomártir) que derramó su sangre por proclamar su fe en Jesucristo.

Feliz Natividad del Señor

La paz la cantaron los ángeles en aquel día memorabilísimo del nacimiento del Niño Dios. Pero ese canto iba acompañado de un gloria a Dios y de la buena voluntad de los hombres. Ahí están las bases de la auténtica y verdadera paz, la que sólo se encuentra en Dios.

Que esta venturosa paz acompase los latidos de los corazones y haga germinar por doquier la buena voluntad que nos asocie a los coros celestes en el himno de amor y fidelidad a Cristo…

«Cesó la voz… y en la región del viento
Entonando los ángeles un coro
Con majestuoso acento
A compás de los címbalos de oro,
Retumbó por el ancho firmamento
Este sublime cántico sonoro:
¡Gloria a Dios, Soberano en las alturas
Y paz a las humanas criaturas!»
-Jacinto Casariego-

Amor (poema)

Amor

La Creación que en el espacio gira
la atracción que los orbes encadena,
y el grano microscópico de arena
que en el desierto el caminante aspira:

Lo infinito y lo exiguo: cuanto mira
la Humanidad en la graciosa escena
del Universo, Amor, ¡Amor! lo llena
y cántale al amor la eterna lira.

Un pesebre, en el fondo de una gruta
morada, acaso, de la bestia hirsuta,
cuna es de amor purísimo y fecundo…

Amor… ¡es una cruz! ¡Su emblema santo!
Y el estrellado firmamento el manto
con que amoroso Dios abraza el mundo.

                  José Tabares Bartlett

La brasa y los amigos (cuento popular)

La brasa y los amigos

Un hombre, que regularmente asistía a las reuniones religiosas con sus amigos, sin ningún aviso dejó de participar en sus actividades. Después de algunas semanas, una noche muy fría de invierno, el líder de aquel grupo de amigos decidió ir a visitarlo.

Encontró al hombre en su casa solo, sentado frente a una chimenea donde ardía un fuego brillante y acogedor.

Adivinando la razón de la visita, el hombre dio la bienvenida al líder, y después, se hizo un gran silencio. Los dos hombres sólo contemplaban la danza de las llamas en torno a los troncos de leña que crepitaban en la chimenea.

Al cabo de algunos minutos el líder, sin decir palabra, examinó las brasas que se formaban en la lumbre y seleccionó una de ellas, la más incandescente de todas, y la separó de las demás con unas tenazas. Hecho esto, volvió a sentarse.

El anfitrión prestaba atención a todo fascinado pero inquieto. Al poco rato, la llama de la brasa solitaria disminuyó, hasta que se apagó por completo. En poco tiempo, lo que había sido una muestra de luz y de calor, no era más que un negro, frío y muerto pedazo de carbón.

Muy pocas palabras habían sido dichas desde el saludo inicial.

El líder, antes de prepararse para irse, con las tenazas regresó el carbón frío e inútil, colocándolo de nuevo en medio del fuego. De inmediato, la brasa se volvió a encender, alimentada por la luz y el calor de los carbones ardientes en torno suyo.

Cuanto el dirigente alcanzó la puerta para marcharse, el anfitrión de la casa le dijo: Gracias por tu visita y por tu bellísima lección. Regresaré al grupo. Buenas noches…

¿Por qué se extinguen los grupos? Muy simple: porque cada miembro que se retira le quita fuego y calor al resto. A los miembros de un grupo vale recordarles que ellos forman parte de la llama.

A los miembros de un grupo vale recordarles que ellos forman parte de la llama. Es bueno recordarles que todos somos responsables por mantener encendida la llama de cada uno y debemos promover la unión entre todos para que el fuego sea realmente fuerte, eficaz y duradero. La familia también es un grupo.

Mantengamos la llama viva. Aunque algunos se reporten esporádicamente, es bueno saber que todos permanecemos unidos.

¡Gracias por ser parte de mi hoguera!

Cuento Popular

A la Virgen de Guadalupe, patrona de La Gomera

Es tu áurea el sol de Puntallana
(A la Virgen de Guadalupe)

Virgen de Guadalupe, dulce Señora,
crecen seis flores en tu cetro dorado,
pues queda tu ramillete ensalzado
cuando de las pupilas la emoción aflora.

Alajeró, Vallehermoso, Valle Gran Rey;
San Sebastián, Agulo y Hermigua,
donde el querer de un pueblo se fragua
junto a tu Hijo cuidando de su grey.

Es tu áurea el sol de Puntallana,
corona de doce estrellas
forjada en oraciones, doce huellas
que nuestro camino allana.

Bosque del Cedro, símil a tu encanto:
la bruma lo envuelve de leyenda
mientras corre el amor por su senda,
que –eterno– nació de un llanto.

Suenan las chácaras y tambores,
el corazón de la isla se descubre
cuando llega tu santo día en octubre:
Madre eres de La Gomera con loores.

Y en el silbido vuela el lenguaje
del sonido a través de los barrancos,
pues al viento le sobran las palabras
en aquellos labios que llevan tu mensaje:

Mi tilma, prenda divina,
es un manto marinero,
el blanco velo gomero
con que bendigo a la isla colombina.

                 José J. Santana

Se permite la reproducción de este poema haciéndose mención a su autor.

A la Iglesia de la Concepción de La Orotava

Iglesia de La Concepción de La Orotava

Una silueta divisé en este hermoso valle;
se alzaba delicada a toda aquella mirada:
era la arquitectura sacra siendo honrada
por el arte del villero bruñendo el detalle.

Luce la piedra tu impronta que no se olvida;
los ecos del púlpito cincelado en mármol
rememoran al madero que nació del árbol,
y por amor, transfigurado a Cruz vivida.

En el firmamento una cúpula dibujaste;
dos campanarios que conmueven al visitante
pregonan al viento el día más deslumbrante:
sonaba la melodía alegre del tajaraste.

Con el sonoro repique me acerqué,
palpando el señorío y tu historia;
sentí el hado de un pedacito de gloria
que resuena en cada toque su porqué.

Octava de Corpus y Semana Santa,
la obra consumada llegó en el cierno,
donde lo efímero siempre será eterno
cuando admirado oprime la garganta.

Y vi llover pétalos en precioso vuelo,
que desprendían con júbilo verdadero
tus lágrimas mostrando el sendero
de la Ascensión del Señor al cielo.

En la fe, acompañando tu tabernáculo,
acabó mi frío con tu sol: el que más calienta.
Es tu espíritu la fuerza que nos sustenta
y doblega el poder aferrado al báculo.

Mientras, una voz susurra una oración.
Testigo de quietud, de duelo y alhajas:
la fúnebre entrada de aquellas cajas,
la salida de unos novios sellada su unión.

Y ante su altar, mi siempre anhelada;
de Génova traída a la noble y leal Villa,
yo me inclino –manso– a tu maravilla:
¡Oh, Virgen de la Inmaculada!

No hay gente que no se cautive
en la fiesta que honra a la Pureza,
donde brota la belleza
que hasta el alma mustia revive.

Mas, la Asunción llegó con el glorioso Tránsito;
dormida en el lecho nuestra ternura acrecienta.
Yo la velaré para que sola no se sienta,
pues es su presencia el reposo que necesito.

Y con tu Santo Cristo de la Misericordia
el pueblo camina siguiéndolo a su vera;
con el mandato cumplido en la cruz nos espera:
la Sagrada Forma aguarda bajo la Custodia.

De fondo un órgano lleva a la emoción,
que en su apogeo el ambiente silencia…
la voz interior cae rendida a la cadencia:
Catedral del Valle es la Concepción.

                        José J. Santana

* * *

Enlace relacionado:

A la Iglesia de San Francisco de La Orotava

Foto de: Roberto Mazzanti