La Villa de Mazo, inmensa Custodia de amor

Corpus de Mazo 1

La Villa de Mazo, inmensa Custodia de amor

Custodia de amor. Inmensa custodia de amor, es la frase adecuada para la Villa de Mazo, especialmente por estas fechas. En vísperas de la vigilia grande, como colofón de las demás vigilias en benedictino anudar de afanes y de esperanzas. Volcando a manos llenas, el amor en el proceso siempre doloroso de la creación. En esa singular tarea que dibuja e informa uno de las mejores maneras de dialogar con Dios.

Custodia de amor. Rico panal, incomparable panal, propio de la colmena laboriosa indesmayable, ilusionada, por los calores místicos de la ofrenda. Y es que sólo por la fe, con amor, se alcanza a comprender los inmensos quilates del esfuerzo compartido. De este quehacer comunitario. De este arrodillarse para ser fuerte de todo un pueblo. Que en esa noche de la vigilia grande, transforma en realidad oferente, todo el ilusionado esfuerzo de otras noches, menos largas, pero también intensas. Con fiebre creadora y prueba victoriosa para la habilidad artesana, capaz de elevarse a los categoremas del Arte.

Y previamente, el despliegue de la gente moza o menos moza, por los vericuetos tendidos sobre los abismos de la montaña o de la mar. Entre la ilusión y el riesgo. En desafío al vértigo, a fin de aportar los ingredientes naturales necesarios, para plasmar en aras de la reverencia toda la poesía con mensaje que promete. Todo ese enorme tapiz de primores tejido de anhelos. Con la soberana urdimbre del amor, que sin mácula, se ha transmitido en trasvase de generaciones para por el Corpus, acentuar en la noble villa, esa plenitud de inmensa custodia de amor. Ese rico joyero que cubre todo el trayecto procesional como cúspide verticalina de ese amor, enlazado a la esperanza.

Corpus de Mazo 2

La difícil tarea de describir

Como en otras ocasiones, los apuros para el pregonero. Con la emoción atisbadora anudándose en su garganta. Poniendo en el empeño lo mejor de su alma, todo su amor admirado por las cosas bellas. Con respaldo de anhelosa entrega y que llega a mimo en los detalles. Con todas las características de la obra bien hecha.

Y como siempre, el humilde pregonero, sabe muy bien, se quedará corto y canijo pese a su afán en pregonar. Muy por detrás de empaque arrogante de la superación. Y es que, no es nada fácil interpretar fielmente hasta dónde llegan las querencias de un pueblo volcado a la pleitesía. Un pueblo que casi durante un año, ha acunado en su alma generosa, el anhelo de adorar a la divinidad mediante esa ofrenda comunitaria dotada siempre de imprevisibles logros. Que se proyecta en todo ese aliarse de primores para incrementar, si cabe, la excelsa intención. El imperativo de todos los corazones, a juzgar uno sólo, por su isócrono latido.

Apela al pregonero a sus recuerdos. Pretende enlazar vivencias en la esperanza de la inspiración necesaria para encontrarse a la altura y dignidad requerida por las circunstancias.

Humilde, confiesa su fracaso. Imposible pintar con palabras toda la galanura de esa obra tan pródiga en armonía. Con tanta elocuencia aderezada. Porque, al fin y a la postre, ahí en el obelisco singularísimo de los arcos. En esos arcos iris de la tierra tendidos para hablar con los cielos. En los arabescos de las alfombras o la extraordinaria intención teológica de los tapices y altares.

Acaso y sin acaso, se necesitaría el concurso de varios grandes poetas en uno sólo. Ser Homero, Virgilio en el equilibrio y Góngora en la metáfora. Disponer de la inimitable musicalidad de los Salmos del Rey David y toda la pristina elevación de San Juan de la Cruz.

Corpus de Mazo 3

La fiesta se invita por sí misma

Sólo resta al pregonero, domeñar la sonora habla de Cervantes. Reducir a términos sencillos el rebullir de sus entusiasmos. Atar bien corto el corcel de su imaginación para no apartarse, ni un solo momento, de ese cúmulo de esencias del Corpus Christi en la Villa de Mazo. Y contemplar ese conjunto de obras como envueltas en luz, hablándonos al corazón. Invitándonos dulcemente a participar en toda la soberana magnitud de la pleitesía.

De ahí que la Villa de Mazo, oficialmente no invita. Se limita a recordar la fecha y aguardar con los brazos abiertos y extendidos. Confía en la comprensión y amistad de todos y a raíz de su presencia, disfrutar plenamente de la labor bien hecha. De la tarea culminada felizmente, para contribuir a la felicidad de todos y que todos, en hermandad dichosa, se sientan también protagonistas de tan magnífica plasmación. Y sean también espontáneos pregoneros de esa pirámide de obras perfectamente engarzadas a una tradición que seguramente, se ha transmitido en andas del misterioso ritmo de la sangre. Porque aquí la mies es mucha y los sarmientos apadrinan excelentes caldos. En resumen, las especies singulares para prolongar hasta el infinito el gozo de vivir en Cristo y para Cristo. Vivir diariamente entregándose a los demás. Con amor, con caridad. En definitiva, alimentándose, elevándose desde esa inmensa custodia de amor, cuenco singular del único amor, que jamás podrá morir y proporciona seguridades de una eterna vida.

En definitiva, la Villa de Mazo no invita. Aguarda la visita de todos para en unión de todos, reforzar si cabe, la magnitud y pureza, la reverencia profunda provista del vertical impulso de recrearse en el diálogo con la divinidad.

Domingo Acosta Pérez, junio de 1976. Pregón de las Fiestas del Corpus (El Eco de Canarias)

Fotos: José J. Santana

Nuestra Señora de los Dolores de Kibeho, Madre del Verbo

Nuestra Señora de Kibeho

“Cuando me hago ver por alguien para hablarle, lo que quiero es dirigirme a todo el mundo. Si ahora vengo a la parroquia de Kibeho, ello no significa que sólo venga para Kibeho o para la diócesis de Butare o quizás para Rwanda o tal vez para el África. Yo me dirijo a todo el mundo”.

La República de Ruanda es un pequeño país situado en el África Central. Es un país económicamente pobre, dedicado esencialmente a la agricultura y ganadería de subsistencia. En los años 90 sufrió una terrible guerra civil, que se convirtió en un auténtico genocidio a una parte de la población.

El 28 de noviembre de 1981 tuvo lugar la primera aparición; la última, el 28 de noviembre de 1989. Durante este tiempo la virgen se le aparece a tres jóvenes (Alphonsine Mumureke, Nathalie Mukamazimpaka y Marie Claire Mukangango) en el humilde poblado de Kibeho. En dichas apariciones, aprobadas por la Iglesia en 2001, se anunciaba la importancia de la penitencia, la dedicación a la oración y la práctica del ayuno. Posteriormente, el número de videntes difundiendo el mismo mensaje aumentó hasta llegar a siete.

Yo he venido a prepararle el camino a Mi Hijo, para vuestro bien, y ustedes no quieren comprender. El tiempo que resta es poco, y ustedes están como distraídos y ausentes. Están concentrados en las cosas de este mundo, que son pasajeras. He visto a muchos de mis hijos perderse, y he venido a mostrarles el camino verdadero”

A una de las videntes – Marie Claire Mukamgango -, la Virgen le enseñó a rezar la Corona de los Siete Dolores. Pidió que se diera a conocer esta corona por todo el mundo, “porque en muchos lugares ya no se conoce ni se reza”. Los martes y los viernes son los días en que la Madre de Dios pidió que se rezara la corona; pero evidentemente, se puede rezar cada día. Esto no quiere decir que se suprima el rezo normal del Santo Rosario.

Corona de los Siete Dolores de María Santísima

Asimismo, es importante destacar la similitud de Kibeho (Ruanda) con las apariciones de Fátima (Portugal), Akita (“la Fátima de Oriente”, Japón), Garabandal (España) o Medjugorge (Bosnia-Herzegovina). Aunque estas dos últimas todavía no han sido aprobadas, el mensaje (y “aviso”) de conversión es claro en todas ellas.

kibeho oración

Oración a Nuestra Señora de Kibeho

Bienaventurada Virgen María, Madre del Verbo, Madre de todos aquellos que creen en Dios y lo acogen en sus vidas, aquí estamos delante de ti para contemplarte. Creemos que te hallas entre nosotros, como una madre permanece entre sus hijos, a pesar de que nuestros ojos no te vean.

Tú eres el camino seguro que conduce a Jesús, el Salvador; te bendecimos por todos los beneficios que incesantemente nos brindas, sobre todo porque, en tu humildad, te dignaste a aparecer milagrosamente en Kibeho, en un momento en que en nuestra tierra tiene tal necesidad.

Danos la luz y la fuerza necesarias para acoger de manera inmediata tu llamamiento a convertirnos, a arrepentirnos y a vivir según el Evangelio de tu Hijo.

Ayúdanos a orar sin hipocresía y a amarnos los unos a los otros como Él nos ha amado; como tú nos lo has pedido, seamos siempre una deliciosa fragancia de hermosas flores que se propaga por todas partes.

Oh, Santa María, Nuestra Señora de los Dolores, enséñanos a comprender el valor de la cruz en nuestras vidas, para que lo que falta a los sufrimientos de Cristo lo recibamos en nuestra propia carne en favor de su Cuerpo místico, que es la Iglesia. Intercede a fin de que cuando acabe nuestra peregrinación sobre esta tierra, podamos vivir eternamente contigo en el Reino de los Cielos. Amén.

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kibeho-rwanda

Enlaces recomendados:

Apariciones de Nuestra Señora de Kihebo, Ruanda, África (1981 -1989) (pdf)

 Asociación Cultural Virgen de Kihebo

Santa Luisa de Marillac: La benéfica institución de las Hermanas de la Caridad

Hijas de la Caridad

Monjitas de la Caridad,
Santas que en la tierra viven,
que por curar se desviven
sin buscar loor ni tener vanidad.

Sus manos curando hacen
que las llagas broten flores,
pues curan con mil amores
y los enfermos renacen.

De Job tienen la paciencia.
De la Soledad el dolor,
y de madre es el amor
que les llena la conciencia.

Vestidas de albo y azul
sois sacrificio y bondad.
Hijas de la Caridad,
de Vicente de Paúl
y Luisa de Marillac.

Santa Luisa de Marillac y San Vicente de Paúl siguen viviendo en sus hijas e hijos esparcidos por el mundo, amando y obrando con el mismo espíritu. Pero sí el mundo les debe, Canarias muchísimo más. Las Hijas de la Caridad y los PP. Paúles han volcado sobre el pueblo canario su caridad y su misión apostólica: en escuelas, hospitales (psiquiátricos, antiguas leproserías, etc.), asilos, orfanatos, obras sociales; y en cualquier caso, siempre dignificando la vida material y la espiritual de los más necesitados. Un ejemplo de todo ello lo encontramos en el siguiente texto, tan sensible como acertado, de Sebastián Padrón Acosta: una loa al trabajo realizado en la Villa de La Orotava, pero que también es extensible -por ser fiel reflejo- a Las Palmas de Gran Canaria o cualquier otro punto de nuestras islas donde las Hermanas han llevado a cabo una ingente labor.

Nos hemos congregado en este santo retiro, llamados por la voz de la caridad, esa palabra magna y significativa, mansa y sonora, que debiera ser escrita con letras de oro en el frontispicio de vuestras casas solariegas como el blasón más egregio de vuestra hidalguía y de vuestra religiosidad preclaras; virtud sublime, cuya primera lección fuera dada por Cristo en la Cima del Calvario, cuando murió por salvar a la humanidad prevaricadora, ofreciéndose al Padre como hostia de expiación; sentimiento, dignificado por el catolicismo, que le erigió trono y altar, incluyéndola entre las virtudes teologales, como síntesis, resumen y compendio de le Fe y de la Esperanza; ángel de alas blancas y tutelares que tiende su manso vuelo sobre las casas donde reina la desgracia y el infortunio, la indigencia y la desdicha, el desamparo y la orfandad; sentimiento que debiera ser el móvil de todas nuestras acciones, porque así lo preceptuó Jesús de Galilea, al dejarnos, como testamento inolvidable antes de su partida al cielo, aquellas amorosas palabras: «Amaos los unos a los otros»; azul paloma descendida de las alturas. ¡La caridad!, hija de Dios, madre del Bien, hermana del Amor, dispensadora del Consuelo, mensajera de la Alegría.

…Cuando la caridad, cubierta de gasas, bajó entre fulguraciones de oro a esta tierra de amargura, un nuevo sol esplendente y triunfal lució sobre la línea azul del horizonte, Y al conjuro mágico de este ángel salvador y tutelar, las instituciones benéficas del Cristianismo florecieron y surgieron almas como la beata Luisa de Marillac, que fundó la hermosa institución de Las Hermanas de la Caridad, que se difundieron por la tierra prodigando bienes y alegrías y consuelos.

Aquí tenéis, orotavenses, a estas santas mujeres, pasionarias de sacrificio, violetas de humildad, lirios de sencillez. Ellas, ahogando en el fondo da su espíritu delicado todos los impulsos de su primavera, se abrazan a la cruz amorosamente. Se desposan con la caridad, con Jesús, después de haber dirigido al mundo una mirada entristecida, desdeñosa. Y recatan en unas bancas tocas el encanto espiritual de su pudor, como un lirio que cierra sus pétalos ruboroso. Desde el momento en que se desposan con la caridad, emprenden la senda luminosa del Calvario, buscando con anhelo las huellas del Nazareno.

Como que la alondra del amor canta en sus pechos, el lugar donde viven, cárcel para el mundo, es para ellas alcázar de felicidad, porque está bañado por los esplendores con que el amor lo ilumina. Cuando en prisión vive ¡o amado, prisión es paraíso. Y por eso en este lugar de refugio tienen las hermanas su vergel, porque a él acuden los ancianos, representaciones de Cristo hambriento, de Cristo cansado, de Cristo sediento. Y es altamente conmovedor el cariño inefable con que estas hijas de la Caridad cuidan a los náufragos de la vida. Y en este hogar cristiano, reina el verdadero amor a la humanidad, prueba inconcusa rotunda de que el ángel que trajera el Cristianismo no ha alzado su vuelo. Palpable demostración de que la mujer jamás abdicará su aroma de virgen y madre, ¡sus gloriosas aureolas!

Ellas van cantando que Cristo es el amor, que Cristo es la caridad. Merecen las Hermanas de la Caridad nuestra adoración, nuestros donativos, nuestros esfuerzos, porque en aras de la humanidad sacrifican su vida abnegada. ¡Quién sabe si los que hoy damos limosna, tendremos que mendigarla mañana!, porque aún peregrinamos por la senda! Y hoy en que el materialismo parece romper con lo sobrenatural, ellas permanecen extasiadas contemplando el misterio de las alturas.

Pasan por la vida, derramando sobre el desamparo de la tierra los bálsamos de la caridad, deshojando las rosas de su sacrificio y de su amor y de su abnegación. Sus cuerpos permanecen en la tierra, pero sus almas viven perdidas en los senos de la Divinidad. Mientras las Hermanas miran a los ancianos con la sonrisa de la caridad en los labios, ellos, en el misterio de sus almas cansadas, quizá piensen en el ocaso…

Las Hermanas de la Caridad son contemplativas como María y laboriosas como Marta. Son ellas la castidad que pasa por el lodo de la tierra sin manchar la albura de sus tocas. Son los ángeles de la Caridad. Vosotros sabéis todas las abnegaciones de las hijas de S. Vicente, de las hijas de la beata Luisa de Marillac. No necesito insistir más sobre ello, pues vuestra presencia en el acto que estamos celebrando lo corrobora.

La solemnidad que estamos celebrando honra altamente al valle de Orotava y a sus damas preclaras. Desde 1884 se ha venido sosteniendo este Asilo con el esfuerzo, con la entereza de almas recias y fuertes, generosas y caritativas; es un ejemplo digno de imitación. La piedad orotavense ha levantado y sostenido este Asilo, que es puerto de refugio, lugar de consolación, rincón de cariño.

Estos beneficios que vosotros dispensáis a los desamparados se os premiarán en aquella hora en que toda obra buena recibirá su galardón. Y vuestra labor es enaltecedora, porque nos hallamos en una época en que la Humanidad ha menester de los bálsamos de la caridad; porque atravesamos una edad angustiosa en que la túnica blanca e inconsútil de la caridad se ha rasgado ignominiosamente; porque estamos en una edad en que la doctrina traída al mundo por Jesús, quiere ser bautizada por fariseos con el nombre de filantropía; porque vivimos en tiempos dolorosos; porque las palabras confortadoras de Jesús se pierden en el vacío de los espíritus. Y vosotros habéis laborado infatigablemente, silenciosamente por favorecer con vuestro propio peculio a estos desamparados de la fortuna.

Dios premiará con creces la magnitud de vuestra labor, te grandaza de vuestra obra, el esfuerzo de vuestra voluntad, la bondad da vuestra intención, el valor de vuestro sacrificio. Habéis enjugado lágrimas, habéis calmado la sed y el hambre de los sedientos y necesitados, habéis vestido a los desnudos, habéis dado posada al peregrino, habéis, en una palabra, cumplido con los preceptos misericordiosos. Y por todo esto recibiréis galardón, recompensa, aureola.

…No sucumbáis jamás en vuestra caritativa empresa enaltecedora. La caridad, como un nimbo, orna vuestras frentes. Debemos seguir serenos, imperturbables, infatigables, los derroteros señalados por Jesús de Galilea. Seguid vuestra labor; no os arredre la magnitud de vuestra obra.

Cuando sintáis en vuestros corazones desfallecimientos en la jornada, id al pie de los altares, y en el secreto de vuestro retiro contad a Jesús Sacramentado vuestras cuitas, que Él es aurora esplendente, gloriosa y triunfal, en medio de esta noche abrumadora que atravesamos, nosotros peregrinos en este doloroso viaje de la vida hacia la Eternidad, donde se rasgarán todas las sombras que nos envuelven dolorosamente.

Reciban, pues, las Hermanas el fervor más entusiasta de nuestro agradecimiento.

Sebastián Padrón Acosta: La benéfica institución de las Hermanas de la Caridad en la Villa de La Orotava. Gaceta de Tenerife (julio de 1922). Extractos.

“Sed empeñosas en el servicio de los pobres… amad a los pobres, honradlos, hijas mías, y honraréis al mismo Cristo”

Oración

¡Oh gloriosa Santa Luisa de Marillac!
Esposa fiel, madre modelo,
formadora de catequistas, maestras y enfermeras.
Ven en nuestra ayuda y alcanza del Señor:
socorro a los pobres,
alivio a los enfermos,
protección a los desamparados,
caridad a los ricos,
conversión a los pecadores,
vitalidad a nuestra Iglesia
y paz a nuestro pueblo.
Cuida nuestro hogar
y cuanto hay en él.
Que sea un camino recto
que nos conduzca a nuestra casa del Cielo,
y que tu bendición descienda todos los días
sobre cada uno de los que lo transitamos.
Bendito seas, buen Dios,
porque sembraste el amor en Santa Luisa
para ejemplo nuestro
e imitación de Jesús,
Camino, Verdad y Vida.
Amén.

Enlace recomendado: Biografías de Santa Luisa de Marillac

Con fecha de 3 de febrero de este año de 2016, el Superior General de la Congregación de la Misión (Misioneros Paúles) y de la Compañía de las Hijas de la Caridad, P. Gregory G. Gay, C. M., ha escrito una carta a todos los “Sacerdotes y Hermanos de la Congregación de la Misión” comunicándoles el cambio oficial de fecha de la fiesta de Santa Luisa de Marillac. Como dice el Superior General en su carta, “La celebración de la fiesta de Santa Luisa permanece solemnidad y, con efectos inmediatos, se celebrará cada año el 9 de mayo”.

Se ha considerado cambiar la fiesta de Santa Luisa de Marillac, porque siempre cae en Cuaresma y es preferible no celebrar solemnidades durante ese tiempo litúrgico. Acordándose el 9 de mayo, aniversario de la beatificación de Santa Luisa, porque el aniversario de su canonización también cae en Cuaresma.

Pinturas representando los milagros que llevaron a los altares a San Martín de Porres

Convento de Santo Domingo, Primer milagro de San Martin de Porres para la canonizacion.

Estos dos cuadros que mostramos a continuación representan los milagros considerados (y aprobados) por la Iglesia Católica durante el proceso de canonización de Fray Martín. Ambas pinturas son obra de Blanca Chávarri, creadas ex profeso para tan grande ocasión y expuestas en el solemne acto de canonización el 6 de mayo de 1962:

El primero, acontecido en Asunción, la capital de Paraguay, representa la curación de Doña Dorotea Caballero Escalante, una señora de avanzada edad, aquejada de una obstrucción intestinal que le había originado una colapso cardíaco. Sólo la cirugía podía salvarla. Sin embargo, dada su edad -87 años- y su debilidad desaconsejaba la operación. Los médicos avisaron a su hija pues se esperaba su muerte en cualquier momento. La hija, que en ese momento residía en Buenos Aires y de camino hacia Paraguay, se encomendó de manera inmediata a San Martín de Porres, pidiendo por su intercesión durante todo el trayecto. Las plegarias fueron escuchadas, pues Doña Dorotea se recuperó al día siguiente y pudo llevar una vida normal durante algunos años más.

Convento de Santo Domingo - 2º milagro

Y el segundo, la curación del niño tinerfeño Antonio Cabrera Pérez-Camacho, que milagrosamente salvó su pierna de ser amputada tras caerle una enorme piedra que se había desprendido de una tapia que había intentado trepar. La pierna quedó aplastada y con el peligro cierto que se complicara con una grangena. El niño fue evacuado a la clinica Capote, donde los médicos llegaron a la conclusión de que era conveniente amputar para que la vida del niño no corriese ningún peligro, pues no respondía al tratamiento inicial. Una amiga de la familia le entregó a los padres del niño una estampa de Fray Martín y pidió que se le rezara con fe. Llegó el día de la operación. Pero en esa mañana, los médicos observaron con asombro como la gangrena había desaparecido y la sangre comenzaba a circular con normalidad. Antonio muy pronto estuvo recuperado totalmente. El niño que hizo Santo a San Martín de Porres

Estas dos curaciones fueron examinadas en Roma por la Sagrada Congregación de Ritos y aprobadas oficialmente como verdaderos milagros por el papa Juan XXIII en marzo de 1962. Posteriormente, el 6 de mayo de ese mismo año Fray Martín de Porres era solemnemente canonizado para alegría de toda la comunidad de la Iglesia Católica.

Homilía de su Santidad Juan XXIII: Rito de canonización del Beato Martín de Porres

La Santa Cruz

Cruz Monasterio Benedictino

Pastor que con tus silbos amorosos
me despertaste del profundo sueño,
Tú que hiciste cayado de ese leño,
en que tiendes los brazos poderosos,

vuelve los ojos a mi fe piadosos,
pues te confieso por mi amor y dueño,
y la palabra de seguirte empeño,
tus dulces silbos y tus pies hermosos.

Oye, pastor, pues por amores mueres,
no te espante el rigor de mis pecados,
pues tan amigo de rendidos eres.

Espera, pues, y escucha mis cuidados,
pero ¿cómo te digo que me esperes,
si estás para esperar los pies clavados?

                  Lope de Vega, “Rimas sacras”

A los pies de la Cruz

¡Salve, piadosa Cruz, enseña santa,
símbolo eterno del amor divino!…
Mi frente, humildemente,
ante tu altar inclino;
y arrancando del pecho
mi loco corazón, que va derecho
a ocupar el sagrado
lugar donde latiera
el de Nuestro Señor, alzo mi ruda,
mi pobre voz delgada y soñadora,
y de júbilo llena te saluda:
¡Salve, Cruz redentora!…

Todo se renovó, todo se hizo,
cual si las almas otra vez creara,
el poder del Señor, al dulce hechizo
de la Verdad que en Ti se revelara.
Y el místico edificio coronando,
la piedad, condensando
en la plegaria ardiente
sus ansias, sus anhelos,
abrió todos los labios, y rotundo,
vigoroso, candente,
resonó por los ámbitos del mundo
el saludo inmortal: “Creo en Dios Padre,
Señor, Omnipotente!…”
¡Oh, sol!, si Dios te ha dado
un peregrino séquito de estrellas,
y piadoso te ha alzado
por dueño y por señor de todas ellas,
Tú, también, Cruz divina,
sobre la inmensa cúpula sagrada
que eleva el Vaticano,
gallardamente alzada,
contemplas a tus pies arrodillada
la grey inmensa del linaje humano!

Eres enorme, ¡oh, Cruz! recia, grandiosa,
como la luz, ardiente;
como el mar, insondable,
como el amor, amable,
como la fe, potente.
Cuanto más a tu lado
te contemplo admirado,
-milagro del Señor- más poderosa
tu grave reciedumbre me parece.
Quien de Ti va sujeto, se ennoblece
y el jugo y el sabor le halla a la vida,
y encontrará su senda más florida
cuanto más a tus pies se abrace y rece.
Madero tosco y rudo.
la maravilla del prodigio pudo
hacerla Dios tan sólo: de la infamia
y del baldón emblema,
apenas consagrada, removiste
toda la tierra, y fuiste
de lo noble y lo santo la diadema.
Imperios derrocaste,
y tesoros de amor de Ti manando,
una a una las almas enlazando,
el nuevo pueblo para Ti formaste.
Al cambiarse la historia
nuevos ritos nacieron,
nuevas instituciones, nuevas leyes,
y aclamándote el mundo soberana
hoy te muestras ufana
en la misma corona de los reyes.
Mas, con ser tan inmensa, todavía
no has cumplido tu fin, el fin excelso
que el Señor te confía:
Cuando cierre la noche
negra de la anarquía,
y las almas sin luz, rumbo, ni guía
vuelvan la espalda a Dios, tornen al lodo;
cuando el desorden llegue, y todo gire,
todo desaparezca, cambie todo:
Tú sola, altiva y fuerte,
más grande que el dolor, más que la muerte,
gallardamente alzada
sobre la inmensa cúpula sagrada
que eleva el Vaticano,
otra vez, indulgente,
a poner volverás paz en la guerra,
por rara maravilla eternamente
mostrando tu Verdad, y nuevamente
la Redención ser hará sobre la tierra.

                        Francisco Izquierdo e Izquierdo

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Cruz del Molino

Propósitos

El valor de las cruces no nace de su carestía, porque no hay cosa más abundante en todos los estados y en todas las condiciones. Y es bien extraño que la misma abundancia no nos haya enseñado el modo de aprovecharnos de ellas; siendo nuestra mayor desgracia no conocer la virtud de este excelente remedio para curar las pasio­nes. ¡Cuánto has perdido hasta aquí por no haberte sabido aprove­char de los trabajos, infortunios y desgracias de esta vida! Conoce ya lo que valen; y, pues dentro de ti mismo tienes esta mina para enriquecerte, acaba o comienza a persuadirte que no hay otro verdadero mal sino el pecado; y todo lo demás que se llama desgracias, reveses, infortunios, calamidades, trabajos, míralo desde hoy en ade­lante con ojos verdaderamente cristianos; estímalo en lo que vale, y habla de ello como de un inestimable regalo que Dios te hace.

No hay cosa más común ni más saludable entre los cristianos que hacer la señal de la cruz; pero, al mismo tiempo, tampoco hay cosa que se haga con menos fruto, porque ninguna hay que se haga con menos devoción y con menos respeto. Los apóstoles, enseñados por Jesucristo, instituyeron esta adorable señal para instruirnos en los misterios y principios de la fe, y para dar a todos ese público testimonio de lo que creemos. Es la señal de la cruz una como abre­viada profesión de nuestra fe; y es también contraseña con que im­ploramos la asistencia y la bendición de Dios por los méritos de Cristo, que padeció y murió en ella. Haz siempre, a ejemplo de los primeros cristianos, la señal de la cruz cuando comienzas a orar, cuando das principio a alguna obra, y, sobre todo, cuando te asalta alguna tentación, o te hallas en algún peligro.

Padre Juan Cruiset, S.J.

Las flores, símbolo de María

smp y la virgen

Tradicionalmente la cristiandad ha dedicado este mes de Mayo a la devoción a la Virgen María. Mes hermoso, evocador de la belleza de la mujer bendita entre todas las mujeres: la Madre, la Purísima, la Mediadora de todas las gracias. Precisamente en este primer domingo de mayo celebramos el Día de la Madre, haciendo una humilde semblanza con la Santísima Virgen, modelo y perfecto ideal de buena madre. Aquella que se prepara con amor para el acto de la maternidad, pidiendo a Dios infunda un alma capaz de todas las virtudes en aquel Ser que ella lleva en su seno. Asimismo, en el propósito que crezca con salud y afronte con convicción las vicisitudes. Y que en todos los instantes de su vida este ruego se convierta en realidad.

Las flores, símbolo de María

Un movimiento simpático y alegre se nota en todas las iglesias apenas apunta en el calendario el primer día del mes de Mayo: un ir y venir constante de almas enamoradas de María que llevan, para adornar el altar de la Madre de Dios, sendos ramos de flores que durante todo este mes ofrecerán sus perfumes y sus hermosuras a la Reina del Cielo. Un homenaje que a Ella rinde la naturaleza al levantarse nuevamente de su letargo y vestirse con las galas de la estación primaveral, como queriendo asociarse a la alegría que siente la hija de Nazaret porque han terminado todos sus dolores y ya contempla a su Hijo divino triunfante y glorioso de todas sus penas.

Y esto mismo se nota donde quiera que haya una imagen, por pequeña que sea, de la Virgen Santísima, hasta en lo más escondido de nuestras casas donde la familia cristiana se congrega para honrar a tan gran Señora.

Es que el mundo entero ha querido asociar en todo tiempo el nombre de María y el mes de Mayo porque cree que ninguno otro la representa y figura como este; y podemos pensarlo así porque en cada una de esas bellas y hermosas flores, que colocamos a sus pies, simbolizamos una virtud que en la Virgen resplandece de una manera grandiosa.

Una de las flores que más abundan en el trono de la Virgen María es la azucena, que descuella entre todas las demás como si pareciera que quiere ejercer imperio sobre ellas con su madeja de anchas hojas que, inclinadas unas sobre otras con gracia y apretándose entre sí, parecen formar un trono: el más precioso y elegante se levanta con donosura un tanto inclinada y en torno de su tronco como para pedir los homenajes todos de la naturaleza, apareciendo la más bella en comparación de las restantes florecillas que las rodean de las que atraen sus miradas y su admiración.

ave maríaComo símbolo de la pureza es la flor más hermosa que le podemos ofrecer y la más grata a María, ya que ha sido esta virtud la que en Ella más brilló, y que para conservarla la llevó en su tierna edad al templo, dónde la ofreció a Dios en primer voto que escucharon los ángeles con asombro y que quiso presentar como obstáculo para la dignidad que más tarde se le ofreciera, si había de ser con menoscabo de ella.

Esta virtud había de ser el principio de todas las demás virtudes, de su humildad profunda, de su ardiente caridad para con Dios y para con el prójimo.

Por eso, junto a esta hermosa flor colocamos a la solitaria y oculta violeta, el gracioso y dentellado clavel y la rosa de formas graciosas, de esplendor sin par y de fragancia exquisita.

Pero cuando hayamos llegado al último día de Mayo no quedemos contentos con sólo el ofrecimiento de estas flores; pongamos también a sus pies la reforma de nuestra vida con la imitación de cada una de ellas.

P. Carlos Delgado y Delgado. Santa Cruz de Tenerife, mayo de 1951. (Adaptación)

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“Salve Regina, mater misericordiae”

Salve, Regina, mater misericordiae:
Vita, dulcedo, et spes nostra, salve.
Ad te clamamus, exsules, filii Hevae.
Ad te suspiramus, gementes et flentes
in hac lacrimarum valle.
Eia ergo, Advocata nostra,
illos tuos misericordes oculos
ad nos converte.
Et Iesum, benedictum fructum ventris tui,
nobis, post hoc exsilium ostende.
O clemens: O pia: O dulcis
Virgo Maria.

Homilía en la fiesta de San Rafael Arnáiz

Hermano Rafael

Homilía en la Fiesta del Hermano Rafael

P. Alberico Feliz, 27 de Abril de 2014

En esta misma fecha, -hace 77 años-, nuestro Hermano Rafael, acababa de desaparecer, después de estar de cuerpo presente en nuestra iglesia, mientras la Comunidad le dedicaba las últimas oraciones de recomendación.

Hoy día, le percibimos invisible y glorioso, pues ya está inscrito en el catálogo de los santos, con una capilla dedicada a su veneración, para que sea él, quien interceda por nosotros.

Son los Santos:

  • los que en su interior, llevan la pequeñez de los grandes;
  • los inconfundibles, por que si deslumbrar, alumbran con su testimonio callado y con su forma de situarse;
  • los que llevan hasta el extremo de dar y darse;
  • los que contagian la fe que llevan a flor de piel;
  • los que aciertan a ver el valor de lo sencillo y la grandeza de lo pequeño;
  • los que llevan un exterior común, siendo singularísimos por dentro;
  • los testigos limpios de una fe transparente en Cristo;
  • los héroes silenciosos del cumplimiento del deber de la vida diaria…

Así nos lo ha dicho él, en lectura del segundo nocturno, cuando nos hablaba de la “sencillez”: “Sólo pretendo vivir una vida muy sencilla, sin cosas extraordinarias”. Y también: “No hace falta, para ser grandes santos, grandes cosas; basta hacer grandes, las cosas pequeñas”.

Pero está bien claro, que para llegar a un convencimiento tan sublime, como excelso, se necesita un punto de apoyo inconmovible, que a su amparo, puedan superarse todas las turbulencias y dubitaciones de mente y de espíritu que puedan sobrevenir con el tiempo o por sorpresa.

Este apoyo, que también es “fondo” y “centro”, tal como lo interpreta el mayor de los místicos, San Juan de la Cruz, no es otro que Dios, el “¡sólo Dios!” de nuestro Hermano Rafael, y que no siempre es bien entendido, pues no se refiere a “exclusividad”, sino a  “prioridad” en el amor.

Esta “primacía en el amor”, es aquella profesión israelítica, que nos ha recordado la primera lectura: “Escucha Israel”…; la oración de todos los días, y que había que recitarla más señalados: “estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado”.

Y para evitar todo peligro de inadvertencia, “había que atarla a la muñeca, o ponerla como broche en el turbante, para no perderla nunca de vista: “Amarás al Señor tu Dios, con todo el corazón, con toda el alma, con todas sus fuerzas”.

El amor debe apoderarse de toda la persona, para que no quede como mero afecto sentimental; de tal manera, que en la entrega total del amante, suene el lenguaje del amor más profundo: “Mi Amado es para mi, y yo para mi Amado”.

De ahí la inquietud bendita de que Rafael “buscara a Dios” por todos los medios, modos y maneras que se le ofrecían hasta dar con El. Y por eso nos dice que, “por más que nos sorprenda lo que veamos a los lados, lo que interesa es no detenerse y seguir, pensando que al fin del camino está el que se busca, esperando con los brazos abiertos”.

Y esto lo decía, cuando se hallaba estudiando, aunque ya había conectado con nuestro monasterio en sucesivas visitas.

En su primera carta, ya desde el convento, escribe a sus padres, y les dice: “Quisiera comunicaros mi alma, mi amor a Dios, para que vierais que vuestro hijo ha encontrado el verdadero camino… y como dice el evangelio, “un tesoro”, y sin pérdida de tiempo, se dedica a desenterrarlo”.

Es fácil decir esto, cuando en los primeros meses del noviciado se viven de luna de miel del todo enamorado; pero tendremos que escucharlo a lo largo de toda la trayectoria, para ver si ése “buscar a Dios por Dios, para quedarse con el “¡sólo Dios!” como único lema, lo lleva clavado en el alma, pase lo que pase y ocurra lo que ocurra.

Y parece ser que sí…, pues va a resultar clave de fondo y la tensión fundamental del alma absorbida por la “pasión” de Dios, que como ciervo herido gime: “Ansias de vida eterna… Ansias del alma que sujeta al cuerpo, gime por ver a Dios…; ¡Ansias de Cristo!”.

Y cuando nuestro Hermano se expresa así, nos parece estar escuchando a San Pablo: “Todo lo estimo pérdida comparando con la excelencia del conocimiento de Cristo mi Señor”. Jesucristo es para él, su “todo”, el modelo que hay que reproducir, y el guía que hay que seguir.

Y en sus escritos, chorrea constantemente esta obsesión bendita por Cristo, que es el que le da luz, la fuerza y el ánimo entusiastas para buscarle, seguir, proseguir hasta conseguir lo que anhelaba.

Nos lo dirá en sendas expresiones:

  • “No vivamos en lo exterior, hermano, que todo es vanidad y luego pasa. Animémonos a vivir en Cristo y sólo para El”…
  • “Todo lo que vibra, todo lo que al alma en la vida rodea, todo es flor de un día, que ahora viene y luego se va. Nada la interesa que no sea Cristo…
  • Y nos expone su propia experiencia: “Bien sabe el Señor, que cuanto más débil me siento, cuanto más lucho con la materia que tira hacia abajo, cuando mi alma sufre un dolor más humano que divino, es entonces cuando veo que sólo en Cristo se halla descanso”.
  • “Para el alma enamorada de Dios, para el alma que ya no ve más arte ni más ciencia que la vida de Jesús…, le es necesario ocultarse en Cristo, y allí estarse a solas con Dios” “Nada tengo y tengo a Cristo; nada deseo y poseo, pero poseo y deseo a Cristo”.

Pero él sabe muy bien, que a pesar de su anhelo ardiente, -“no ha conseguido el premio”- y por eso, se ha propuesto como San Pablo, mediante un típico vocabulario deportivo, un esforzado y continuado camino hasta la meta, que exige un duro combate espiritual.

  • La meta que para él es la santidad, y lo repite muchas veces: “Lo único que hay que hacer, por mucho que nos sorprenda lo que vemos a los lados del camino, es no detenerse, seguir”…
  • El esfuerzo, es no volver la mirada atrás; por eso repite varias veces la frase evangélica: “He puesto la mano en el arado… y no quiero mirar atrás”.
  • Y su persistencia consistió en ofrecerse a Dios, no una, ni dos o tres, sino cuatro veces, afirmando con toda el alma que lo haría mil veces si fuera necesario…

Y en esto consiste la “sencillez y sabiduría que Dios revela a la gente sencilla“. Escuchemos esta expansión de Rafael: “Ni el mundo comprende, ni es necesario, la locura del alma que ama a Cristo; la locura, sí, que hace que el alma desbarre, que las palabras se hagan torpes de tanto querer decir y no poder decir nada”.

La locura sostenida únicamente por estar unida a la voluntad de Dios, y que nos hace callar, cuando quisiéramos gritar; que nos hace prudentes y el alma se desata, y el ansia palpita impaciente dentro del corazón…

La locura de Cristo…, no se comprende, es natural, y hay que ocultarla…, ocultarla muy dentro, muy dentro; que sólo El la vea, y que nadie, si es posible, ni aún uno mismo, se entere de que está dominado por ella”.

Este es amor y la locura de nuestro Hermano Rafael por la persona de Cristo; aprendamos la lección que él nos regala, y sepamos perseverar hasta conseguir la meta, aunque ello suponga una oblación de vida, como la que él ofrendó al Señor. Por eso consiguió lo que se propuso, y hoy le venera la Iglesia entera con singular devoción.

Sólo Dios basta…

Del boletín informativo San Rafael Arnáiz Barón (Enero-Junio 2015 – nº182)

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El Hermano Rafael Arnáiz

Vicisitudes del Hermano Pedro en Guatemala

hermano pedro escultura

*Vicisitudes del Hermano Pedro en Guatemala

El escenario donde realizó su labor el Siervo de Dios fue Santiago de los Caballeros, hoy Antigua Guatemala, ciudad situada en el Valle del Tuerto o Panchoy, de ocho leguas de circunferencia. En el año 1650 tenía esta ciudad unos 60.000 habitantes, siendo el tercer núcleo urbano de América, después de Méjico y Lima. Capital de la Capitanía General de Guatemala, la cual comprendía la Península de Yucatán Mejicana y América Central. Por las ruinas actuales se adivina su antiguo esplendor de ciudad formada por 16 barrios, 32 iglesias, unas 60 calles rectilíneas trazadas por el Ingeniero Juan Bautista de Antonelli. Por su infinidad de palacios y monumentos fue proclamada en la octava Asamblea del Instituto Panamericano de Geografía e Historia, Monumento de América.

En esta floreciente ciudad, se estableció nuestro humilde paisano, alojándose en casa de Pedro Armengol, con quien trabajaba en el oficio de tejedor, como en La Habana. Su religiosidad rayana en el misticismo, le inclinó a realizar los estudios eclesiásticos, pero le falla la memoria para aprender el latín. Dice Francisco Antonio de Montalvo en su obra “Vida admirable y muerte preciosa del Venerable Hermano Pedro de San José Bethencourt” como ya dijimos anteriormente, “era en la devoción águila y en las letras topo”. El 10 de Enero de 1655, Pedro renuncia a sus estudios solicitando entrar en la Orden Tercera Franciscana, viste el hábito el 14 del mismo mes.

Hermano Pedro fue encargado de las obras y custodia de la capilla de “El Calvario”, que llevó a feliz término. Esta llegó a ser uno de los santuarios más concurridos y venerados de América Hispana, gracias a su custodio Pedro de Bethencourt. Aquí creó la costumbre devota del rezo del Santo Rosario en procesión que se extendió a España por obra de Fray Pedro Ulloa, llegando a practicarse en todo el Mundo Católico. Así mismo creó la Procesión del Silencio, y muchos rezos piadosos.

En el Calvario plantó Hermano Pedro el árbol denominado “esquisúchil”, que aún hoy existe, atribuyéndole el pueblo virtudes curativas a sus hojas y flores.

Teniendo Hermano Pedro gran devoción por San José o para imitar a su posible pariente Fray Luis de San José Betancur, franciscano canario muerto en Guatemala años antes de llegar allí Hermano Pedro, solicita el Venerable Hermano del Obispo Fray Payo de Rivera, le permitiera denominarse en lo sucesivo Pedro de San José Betancur. Fray Payo de Rivera despacha una cédula, concediéndole tal denominación.

Algunos años después de su estancia en el Calvario comienza nuestro paisano una gran epopeya de caridad, con tres inválidos desheredados de la fortuna; un negro, un enfermo de perlesía (Marquitos) y una anciana llena de llagas, María Esquivel.

Al morir esta última, compra Hermano Pedro la choza de paja y la parcela de terreno circundante donde habitaba. Se establece en ella, destinando una parte a oratorio donde entroniza una imagen de la Virgen Nuestra Señora de Belén. Compra algunas camas y las coloca en las demás habitaciones, completándolas con las que la caridad pública le donó. Destinaba las mencionadas camas para alojar forasteros y estudiantes pobres, sacerdotes ancianos y enfermos, peregrinos, convalecientes, etc.

De noche la choza servía de dormitorio y por las mañanas, recogidas las ropas y camas, estas se convertían en asientos y mesas para los niños. Las niñas daban clase por la mañana y los niños por la tarde. En esta institución tenían albergue los pobres, enfermos, desvalidos, niños huérfanos y abandonados sin ninguna discriminación de razas.

Hermano Pedro hacía con los niños de padre y de madre, los limpiaba, remendaba sus ropas, le daba otras cuando las que tenían estaban muy viejas, etc.. Todas las mañanas repartía comida a la puerta de su institución, luego llevaba un gran cántaro de comida para repartir entre los enfermos de los hospitales de San Lázaro y San Alejo y a la vuelta iba recogiendo lo que le daban, terminando en su escuela dando el desayuno a sus queridos niños. Diariamente daba de comer a más de 300 personas. También atendía a los moribundos, confortándoles y ayudándoles a bien morir, cuando faltaba un sacerdote. A los muertos pobres les sufragaba los gastos de entierro y ayudado por los hermanos de su congregación los enterraba, finalmente regaba con sus lágrimas la tumba. Los jueves los dedicaba el Siervo de Dios a visitar los hospitales y cárceles adonde acudía con gran cantidad de provisiones que repartía entre los enfermos y encarcelados, además de confortarles y darles buenos consejos. Un día a la semana acudía al fondo de las minas para socorrer a los obreros y esclavos, tanto material como espiritualmente.

En su hospital, fue su primera enferma una anciana negra, impedida, antigua esclava abandonada por sus amos.

La institución de beneficencia creada por el Siervo de Dios, por sucesivas ampliaciones y mejoras a medida de las necesidades, llegó a ser un verdadero complejo de caridad.

Hermano Pedro puede considerarse como precursor de los Colegios Mayores, fundador del primer Hospital de Convalecientes del Mundo y de los primeros colegios gratuitos para niños de América y así mismo de las instituciones benéficas para sacerdotes, enfermos y ancianos. A su iniciativa se debe la obra del Hospital del Señor San Pedro en Guatemala, para sacerdotes.

Creó dos ermitas de las Ánimas, a la entrada de la ciudad de Antigua. Más tarde se extienden por toda América española la costumbre de edificar ermitas de las Ánimas a la entrada de las poblaciones de alguna importancia.

Pidiendo limosna continuamente intenta mejorar su complejo benéfico de asistencia social y docente, no pudiendo ver su obra terminada debido a su temprana muerte a los 42 años de edad, el 25 de Abril de 1667.

Recordatorio Hermano Pedro

Al morir Hermano Pedro, la multitud acude atropelladamente a ver por última vez a su gran benefactor, teniendo que proteger el lugar donde se encontraba el cadáver, la fuerza pública, dada la gran avalancha humana que pretendía entrar en la estancia donde se encontraba; el pueblo al no poder entrar por la puerta, intentó hacerlo por las ventanas y muros que podía escalar. Pretendían principalmente reliquias del Siervo de Dios. Algunas de sus prendas fueron deshechas con este objeto, dada la gran veneración popular que en Guatemala tenían por Hermano Pedro.

El Obispo Fray Payo de Rivera (que había dado cuanto tenía al Siervo de Dios para que con ello socorriera a los pobres) reverente se acerca al cadáver del Hermano Pedro y juntando su rostro con el de él dice: “¡Oh Pedro!, ¿quién ocupará tu lugar?”. Han pasado más de tres siglos y aún no ha habido quien sustituya allí al Siervo de Dios en su epopeya de caridad. En parte sólo lo consiguió la Orden Behtlemita.

*Raúl Fraga Granja, “Biografía de un tinerfeño ilustre: El Venerable Hermano Pedro”

Imagen del Santo Hermano Pedro (Parroquia de la Santa Cruz del barrio de Lomo de Mena, Güímar), del escultor Carlos Rodríguez Díaz. Foto de Lute Déniz.

Decreto de beatificación hermano pedro

Festividad de San Pedro de San José Betancur (Hermano Pedro), primer santo de Canarias

Santo Tomás de Aquino, poeta del Universo

Santo Tomás de Aquino

Santo Tomás de Aquino, poeta del Universo

En la noche callada, Sócrates escuchaba la armonía del himno sublime que cantan las estrellas. Porque los cielos cantan —David lo había dicho— «cantan la gloria de Dios».
Santo Tomás es el filósofo de la armonía y el poeta del Universo. No escucha sólo el canto de las estrellas; oye el concierto de toda la creación, bajo la dirección del gran maestro de capilla, que es su Hacedor, el Poeta. Porque poeta, eso significa. La Creación es el poema con que Dios se canta a sí mismo, fuera de sí. Cada creatura es un verso de ese gran poema. Cada movimiento es una nota de ese gran concierto. De su conjunto resulta la nueva armonía.
Y el poema que Dios había escrito en jeroglíficos, con caracteres de esencias y movimientos, es el que Tomás de Aquino, el fraile dominico de hábito blanco y negro, ha descifrado. Al poema divino le ha dado forma humana. La «Suma Teológica» es un gran poema: el poema del Universo.
Por los sones lejanos de las creaturas, llega el poeta hasta Dios, principio de toda armonía, en su unidad simplicísima. Y ya en brazos de la Revelación —ninfa Egeria que le conduce por el país de lo ignoto—, penetra en el santuario, sorprende la vida íntima del Ser absoluto y canta con lengua inteligible los misterios del idilio eterno entre el Poder, que es el Padre, y la Sabiduría, que es el Hijo, en un efluvio de Amor infinito, que es el Espíritu Santo.
Y ese idilio inmanente, perpetuamente vital y fecundo, lanza fuera de sí, en el tiempo, algunas gotas del ser que son las creaturas. No como emanación espontánea de la substancia divina, sino como efecto producido fuera de sí por el Poder, la Sabiduría y el Amor.
Entre esas esencias creadas —gotas de ser infinito, vestigios del Infinito, Uno y Trino en substancia—, hay dos que son imagen suya, que tienen poder, sabiduría y amor: ¡el ángel y el hombre! A ellas está subordinado, por natural jerarquía, todo el resto de la creación. Ellas sólo tienen valores eternos, porque son capaces de participar del eterno idilio del Ser infinito, conociéndole y amándole. El drama angélico se ha terminado en un instante. El drama humano perdurará hasta el fin del mundo.
Y continúa el poema cantando al hombre. El hombre, el jerarca de este mundo visible, que debe producir la armonía, en sí mismo y fuera de sí. Esa es su tarea. De todas las cosas puede usar el hombre, pues todas fueron hechas para él y él es el dueño de sus actos y de sí mismo por su libre albedrío. Mas siguiendo el compás que le señala el Jerarca supremo con la batuta de su razón.
Armonía entre lo natural y sobrenatural. La gracia no destruye la naturaleza, sino que la perfecciona, en toda su integridad. La fe no rebaja la razón, le da ambiente para volar por las regiones de lo divino, donde ella sola caería asfixiada. La gracia diviniza al hombre. El hombre sometiéndose a Dios, se hace divino. Jerarquía y armonía, entre el hombre y Dios.
La razón y el apetito. No es Santo Tomás un idealista que independice la razón; ni escéptico que la aniquile. Con bravura defiende sus fueros, pero con dependencia objetiva. Y ella, grávida de la Verdad, la entrega al apetito que produce el Bien. Ni la voluntad es autónoma, independiente de la razón o superior a ella. La razón dirige, impera, manda, lo mismo en el fuero de la conciencia que en el orden social externo, porque la ley es un dictamen de la razón. Y la perfección de la voluntad consiste en ejecutar con fidelidad lo que la razón prescribe Ni son malas las pasiones. Solamente serán cuando rompen la armonía jerárquica que las mantiene sumisas al dictamen, de la razón y al impulso de la voluntad.
La misma armonía entre el alma y el cuerpo, que forma un todo substancial. El alma es la porción superior, pero ella sola no es el hombre. El cuerpo también es un valor humano. Todo lo que es, es bueno y debe subsistir. Pero en su puesto.
Y ese todo armónico que llamamos hombre, está ordenado a la operación. Y para obrar en armonía necesita de las virtudes. Y, sobre las virtudes, los dones del Espíritu Santo, con los que obra a lo divino.
La mística tomística no destruye, no aniquila, no desentona, no hace seres extraños. Es mesura y equilibrio. Todo lo purifica, todo lo transfigura. Así es la mística española, Granada y Teresa de Jesús.
Pero el hombre no es un ser irrelacionable. Es Social por naturaleza. Quien no vive en sociedad es menos que hombre o más que hombre. Armonía también entre los distintos hombres.
Y el Estado, el Poder, que armoniza, que concierta, que dirige y ajusta los instrumentos para que, dando cada cual su nota, resulte el acorde del bien común. Pero no absorbe al individuo, no amengua a la persona, da valor y eficacia a los derechos particulares.
Y ante el poder temporal se levanta otro Poder espiritual. También concierto, también armonía, también jerarquía. La Iglesia es superior al Estado, pero en nada viene a mermar sus derechos; antes le ayuda a conseguir sus fines.
Y frente a un Estado se levantan otros Estados. Mas entre ellos también hay armonía trascendente, que resulta de una unidad de la especie, de la catolicidad de la Iglesia, de la fraternidad en Cristo, de la comunión en el último fin.
Pero la raza humana no es homogénea. Es hombre y mujer Un vínculo irrompible, urdido, por el amor y apretado por la religión hará de dos uno, que se perpetuarán en nuevos seres. También con orden, con jerarquía. El hombre es superior a la mujer, es su cabeza. Más ella es también persona igual a él en sus derechos primarios, fundamentales. Y aquí el poema comienza a tomar colores de epopeya.
El ángel malo sedujo al hombre, que cayó, pecó y, con el pecado, rompió la armonía de todo el Universo. Sólo Dios podía restaurar esa armonía. Más el hombre la había roto y era justo que el mismo hombre fuese su restaurador.
La indignación divina, al ver su obra transformada por la culpa humana, cede ante los impulsos de su amor, que le saca fuera de sí en éxtasis sublime. Y Dios se hace hombre. Es la aspiración suprema del amor: hacerse de dos uno.
Y, como hombre, lucha con la muerte y se deja morir para vencer a la muerte, para arrebatar a la muerte sus presas, para devolvernos la vida divina, la vida inmortal.
Después, las fuentes de la vida que manan del Hombre-Dios, que nos incorporan a Cristo y nos hacen dioses por anticipación de su misma naturaleza.
Desenlace del poema. El triunfo definitivo del Bien sobre el Mal. La victoria del Hombre-Dios y de todos los que han luchado bajo su bandera. La plena armonía peregnalmente restablecida. La entrada triunfal del hombre restaurado en el reino de la luz. La satisfacción cumplida de sus ansias de amor, de bien, de belleza y de verdad.
Tal es el gran poema que Tomás ha escrito. El poema de la suprema armonía. El poema del Universo. El poema de la Verdad. Ya había escrito Aristóteles que la poesía es más verdadera que la historia.
Tomás de Aquino, sin ambiciones terrenales, oteando el horizonte desde su celda dominicana, embriagándose en la contemplación filosófica y sobrenatural, es el poeta de la Humanidad. Homero y Dante no osarán acercarse a él, ni aún sombrero en mano y lomo encorvado. Y Dios y los siglos siguen bendiciendo su nombre y su memoria.

Ignacio Menéndez-Reigada, O.P.

 

Sierva de Dios Madre Teresa María Ortega Pardo, O.P.: una resonancia de amor eucarístico

Teresa María Ortega

I. Una activa mujer de Acción Católica

Madre Teresa María de Jesús Ortega Pardo, OP, nació en Puentecaldelas (Pontevedra), el 25 de diciembre de 1917 y murió en Pamplona, el 20 de agosto de 1972 • Profesó en 1955 en el Monasterio jerónimo de Santa Paula de Sevilla; fue trasladada al Monasterio dominicano de Olmedo en 1957, donde fue priora desde febrero de 1961 hasta su muerte • Fundó otros claustros de la “Madre de Dios” en tierras misioneras • Su proceso de beatificación se inició en 1999, y la fase diocesana concluyó en julio de 2006.

Teresa Ángela María Ortega Pardo nació en la localidad pontevedresa de Puentecaldelas, cuando anochecía el día de Navidad de 1917. De padre aragonés y madre gallega, ambos se conocieron cuando José María Ortega ejerció de Jefe del Servicio de Telégrafos de aquella localidad. Era la mayor de tres hermanos: Encarnita –numeraria del Opus Dei, cuya vida se encuentra en proceso de santificación– y Gregorio.

Poco tiempo después de que la familia se trasladase al Teruel paterno en 1926, moría la madre, Manuela Pardo. Y, a pesar de que Teresa confesó que su “hueco” no se lo podría llenar nadie, dispuso del amor de su padre y de sus tías, una de ellas soltera, muy cercana a los cuidados de sus sobrinos. Teresa era una joven singular. Prefería practicar deporte antes que jugar a las muñecas. Parecía dispuesta a romper numerosas barreras que dificultaban el futuro de las mujeres de su tiempo, tanto en lo intelectual como en lo cotidiano. Gustaba mucho de leer y declamar poesía. Había recibido las primeras instrucciones académicas de su padre, aunque junto con su hermana Encarnita dispuso de un profesor particular. Después acudieron como alumnas externas al colegio de las Terciarias Franciscanas.

La podíamos retratar como joven de gran belleza, que estudiaba solfeo de la mano de su tía, conocimientos que aplicaba al piano. Poseía un carácter independiente, emprendedor y constante, dotado de una gran capacidad de persuasión. Pronto, comenzó a sufrir problemas de salud, que prolongó a lo largo de su vida. Como adolescente manifestaba sus deseos de volar, incluso de enamorarse, a escondidas según las percepciones de su hogar.

En el ambiente social de Teruel existían serias dificultades en los días finales de la Segunda República y en la Guerra Civil. No faltaron los referentes espirituales para superar aquella “crisis de juventud”, gracias a la dirección espiritual del sacerdote Manuel Hinojosa –después mártir–, o de Dolores Albert, perteneciente a Acción Católica. La contienda, y especialmente su final, supusieron asedio y prisión para ella y su familia, primero en Segorbe y después en Valencia. Había participado en gestos “heroicos” por salvar la Eucaristía en la iglesia turolense de San Juan, fabricar las formas y facilitar la comunión, por lo que era llamada “la niña sagrario”. Fue la primera liberada y acogida por una familia que había sido evacuada de Teruel.

Pudo continuar el bachillerato en la ciudad del Turia e iniciar los estudios universitarios de Filosofía y Letras, concluidos como licenciada en 1946, en la Universidad de Zaragoza. Estudios brillantes, en los que Teresa Ortega destacó entre sus compañeros e incluso entre sus profesores, no ajenos al empuje espiritual de esta joven de Acción Católica. Su carrera universitaria era un cauce abierto para el apostolado, que se intensificó en los años siguientes hasta que, a finales de 1955, decidió cambiar su vida activa como propagandista, por una clausura en las jerónimas sevillanas.

Hasta entonces habría de ser ese “canto rodado” que definió el rector del Seminario de Ávila, Baldomero Jiménez Duque, después de conocerla en unos Ejercicios Espirituales que dirigió en Teruel. Con aquella expresión tituló, precisamente, su biografía. Fue el principio del camino para acercarse a los ámbitos diocesanos y espirituales de Ávila, a la localidad vallisoletana de Olmedo en 1951, donde habría de impulsar un grupo de seglares que renovasen la vida de aquellos fieles. Fue acogida, primero en la casa de un humilde matrimonio, vecino del convento de las dominicas de la localidad. El obispo abulense, Santos Moro, le había dado vía libre de actuación dentro de los cauces de Acción Católica. Allí, y en otros muchos lugares, su labor de apostolado despertó numerosas vocaciones. Sin embargo, surgieron problemas desde los cuadros dirigentes de Acción Católica hacia su forma de hacer o hacia las prioridades que debía demostrar dentro del espíritu seglar de la obra.

Esa incomprensión la llevó a responder a lo que consideraba llamada de Dios por un camino diferente: la clausura de un convento, en un ámbito alejado al que había sido propio.

Teresa María Ortega 1

II. El descubrimiento de la auténtica vocación de clausura

Olmedo había aparecido en la vida de apostolado de Teresa Ortega y así se lo había descubierto a otras personas que habían encontrado su vocación en uno de los monasterios de clausura de esta localidad, en otro tiempo levítica.

El titulado de la “Madre de Dios” había sido fundado en 1528 como beaterio aunque adoptó la Regla y Constituciones de la Orden de Santo Domingo en 1830, en vísperas de la desamortización. Cuando conoció a estas monjas la joven Teresa Ortega, se encontraban necesitadas, no sólo de nuevas vocaciones sino también de una profunda renovación. Gracias a su presencia, consiguió del obispo de Ávila —pues pertenecían entonces a aquella diócesis—, del arzobispo de Zaragoza y de las dominicas del convento de Daroca, que tres de las monjas de esta última casa se trasladasen a Olmedo, para impulsar los cambios pertinentes.

Una de las dominicas era la madre Teresita Iriarte, dispuesta a asumir el oficio de priora del convento de Olmedo desde 1953. Iba a trabajar con las nuevas vocaciones, proporcionadas por el apostolado de Teresa Ortega —desde ahí se entienden algunos de los problemas con los cuadros dirigentes de Acción Católica, una organización de seglares—. El proyecto, inicialmente se vino al traste con la muerte, en octubre de 1954, de la madre Teresita y el regreso de las dos monjas que la acompañaron, a Daroca.

Sin embargo, cuando Teresa Ortega decidió entrar en el claustro no lo hizo en Olmedo sino en las jerónimas de Sevilla, bajo la advocación de Santa Paula, un 8 de diciembre de 1955. Una resolución que, quizás, no comprendieron algunas de las jóvenes que habían decidido tomar el hábito dominicano en la localidad vallisoletana. Y a pesar de la comunicación epistolar, Teresa Ortega tomó el hábito de las jerónimas en junio de 1956 y profesó un año más tarde. El camino era claro. Su lugar no se encontraba en Sevilla sino en Olmedo, para trabajar por la comunidad que tan necesitada estaba. Se consiguieron los permisos pertinentes para que el 22 de octubre de 1957, se convirtiese en Teresa María de Jesús, monja dominica en el monasterio de la Madre de Dios. Con todo, ella no podía actuar desde ninguna responsabilidad, desde oficio alguno. Situación que cambió cuando una visita canónica propició la renovación de los cargos y sor Teresa pudo trabajar “más con su postura y ejemplo que con sus palabras”, por una mejora de la espiritualidad monástica. Por entonces, nacían las Federaciones de las casas de dominicas. Desde el conquense de Belmonte se pidió un refuerzo a las monjas de Olmedo.

Un grupo de cinco, al frente del cual se encontraba la hermana Teresa María se encaminó hacia aquella comunidad. La solución que se alcanzaba era la fusión y traslado de esas dominicas con éstas de la localidad vallisoletana. Así ocurrió en agosto de 1960, en vísperas de la profesión solemne de sor Teresa cuando contaba con cuarenta y tres años. Pocas semanas después era elegida como priora del monasterio olmedano y así ejerció en los siguientes doce años de su vida.

Mucho tuvo que trabajar desde el comienzo de su gobierno. Un primer reto era unir los grupos que integraban el monasterio: las que configuraban la comunidad primitiva, las jóvenes vocaciones que habían llegado atraídas por ella y las monjas de Belmonte. Al mismo tiempo, emprendió la renovación.

En aquellos momentos desapareció el colegio de niñas externas en el cual las dominicas ejercían la docencia; implantó la liturgia solemne con el canto de las horas incluso con los maitines a media noche; se emprendieron obras de mejora del monasterio, se arregló la iglesia y el nuevo coro. Se organizó el trabajo por el cual también la comunidad obtenía una remuneración y estableció una vida de formación de las hermanas.

De alguna manera, aparecía su apostolado de años atrás en Acción Católica, ejercido ahora entre las monjas de clausura, con charlas comunitarias e individuales, haciendo de las dominicas de Madre de Dios de Olmedo una “comunidad vibrante, numerosa y adornada de virtudes” como indicó Baldomero Jiménez.

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III. Fundadora, Misionera y Madre

Aunque Madre Teresa María era profundamente contemplativa —indica la monja dominica sor María Mercedes de la Trinidad—, tenía en su corazón un grito misionero; y el deseo del Concilio Vaticano II de fundar monasterios contemplativos en los países que no los hubiera, no lo pasaba de largo, y llegó a soñar que en el coro del Monasterio entraban todas las razas. Todo el mundo cabía en su corazón con deseo de llegar a todos.

Por eso, no se conformó con los cambios que realizó en Olmedo sino que inició su trayectoria como fundadora, apoyada por la llegada de peticiones destinadas a tierras muy lejanas. Fueron los frailes dominicos de Puerto Rico los que solicitaron en 1961 monjas para el establecimiento de un convento en aquella isla. Olmedo respondió con un grupo de tres hermanas. Aunque fue canónicamente erigido en 1966 el Monasterio de la Madre de Dios en Bayamón, tardó años en asentarse de manera definitiva. Para entonces ya había muerto la madre Teresa, pues el último de los cambios ha sido la apertura de un monasterio de nueva planta en la localidad de Manatí. Aquella comunidad, siempre sostenida en la distancia por su madre fundadora, ha prolongado el espíritu misionero de Teresa María Ortega y lo ha actualizado.

En 1971, volvió a aparecer otro proyecto fundacional, esta vez en Angola. Eran los días finales de la priora dominica y, a pesar de ello, pudo preparar al grupo fundacional y atender a las monjas que habrían de viajar hacia Benguela en la mañana del 6 de marzo de 1972.

La trayectoria no se ha detenido allí pues los proyectos han continuado para Curaçao en las Antillas holandesas, en Wachín de Taiwán, en Añatuya en Argentina, en Santorini en Grecia, en Toumi en Camerún, Seúl en Corea o  Kuito,de nuevo en Angola y con monjas procedentes de Benguela.

Todos estos monasterios configuran la Unión Fraterna junto con la casa madre de Olmedo, integradas dentro de la Federación de Santo Domingo. En la isla griega del Egeo, ellas fueron las que renovaron una comunidad muy envejecida tras el terremoto de 1956, en una fundación antigua. A aquel de Santa Catalina, llegaron las monjas de Madre de Dios de Olmedo, además de alguna de Angola.

El espíritu misionero legado por la madre Teresa estaba profundamente arraigado en la comunidad vallisoletana. Pero la salud de la fundadora y priora, siempre delicada, fue empeorando. Había sido solucionada momentáneamente por sucesivas operaciones con un deterioro orgánico cada vez más generalizado. A pesar de todo, la Madre era toda una fuente de energía, escribiendo, rezando, atendiendo todos y cada uno de los proyectos y a su numerosa comunidad.

Los últimos tiempos exigieron reposo, tratamientos específicos, traslados hospitalarios. Una energía que se transformó en un legado literario y espiritual que se sucedió en títulos como “Historia de un Sí”, “Lo que dijo Dios al volver”, “Sí a nuestros compromisos”, “Sí a Dios”, además de un amplio epistolario y cintas grabadas, tan habituales en los conventos posconciliares. Un material que permitió elaborar nuevos títulos como “Trigo de su era”, “Orando entre llamas” o “Asomadas a la luz”.

Su muerte se produjo después de haber sido trasladada a la clínica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Navarra. Era el 20 de agosto de 1972.

Sus obras empezaron a ser traducidas y reeditadas. El gran sacerdote que fue Baldomero Jiménez Duque trazó su semblanza biográfica y espiritual en “Canto Rodado” en 1982. Los trabajos para su santificación se iniciaron el 14 de septiembre de 1999, desde esta archidiócesis de Valladolid, concluyendo el proceso diocesano en julio de 2006, en la iglesia de su Monasterio, bajo la presidencia del arzobispo de Valladolid de entonces, Braulio Rodríguez.

Actualmente, Roma ha solicitado una nueva revisión del Tribunal de Valladolid, con el fin de completar los informes anteriores.

Madre Teresa Ortega, cuyo sepulcro se encuentra en este Monasterio de Madre de Dios, formado hoy por cuarenta hermanas, ha sido definida como “gran mística de la Eucaristía, figura profética y de gran espíritu misionero”.

Javier Burrieza Sánchez. Historiador (Los procesos de santidad en la Diócesis de Valladolid)

Fuente: archivalladolid.org (Boletín IEV 243, 244 y 245)

Sierva de Dios Teresa María

Oración para pedir favores por la intercesión de la Sierva de Dios Madre Teresa María de Jesús Ortega, O.P.

Señor y Padre nuestro, por la ferviente devoción a la Palabra revelada y al misterio de la Eucaristía que animó a tu Sierva Madre Teresa María de Jesús, que irradió siempre desde la clausura de su Monasterio Dominicano, atiende las intenciones (…) que te presentamos por su intercesión, y concédenos ser, como ella, testigos alegres y apóstoles valientes de Jesucristo y de su Evangelio, en comunión universal con la Iglesia. Por Jesucristo nuestro Señor. Amen.

Virgen del Sí, danos tu fidelidad. Madre de la Unidad, haz que seamos UNO

*(Esta oración no tiene finalidad alguna de culto público y no pretende prevenir el juicio de la Autoridad eclesiástica)

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Más información: Sierva de Dios Teresa María Ortega Pardo, virgen dominica contemplativa (por Baldomero Jiménez-Duque)

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Enlace recomendado: Madre Teresa Ortega, O.P. – Monasterio Madre de Dios