Padre Pedro Arrupe, S.J.: un jesuita universal

Arrupe 2

Para el presente Amén, para el futuro ¡Aleluya!

Arrupe 1

Aquí vengo, Señor, para deciros desde lo más íntimo de mi corazón y con la mayor sinceridad y cariño de que soy capaz, que no hay nada en el mundo que me atraiga, sino Tú sólo, Jesús mío…Oh Señor, no me canso de repetiros: nada quiero sino amarte, nada deseo en este mundo sino a Ti.

Pedro Arrupe y Gondra (Bilbao, 14 de Noviembre de 1907 – †Roma, 5 de Febrero de 1991) fue un sacerdote jesuita español y Prepósito General de la Compañía entre 1965 y 1983. Su vida apostólica siempre fue seguida con interés por la opinión pública a nivel internacional, dada su personalidad destacada y talante progresista. Hombre de sólida formación humanística, en su juventud ya deja signos evidentes de ser un hombre de Dios para los demás, compaginando sus estudios con trabajos apostólicos con los más desfavorecidos. El Evangelio que predicaba el Padre Arrupe era su amor y cercanía con los pobres.

Con ocasión de un viaje al santuario mariano de Lourdes (Francia), asiste a más de una curación milagrosa que él mismo tiene ocasión de analizar desde su categoría de brillante estudiante de medicina, con premios extraordinarios en anatomía y terapéutica. Diría al respecto: “Sentí a Dios tan cerca en sus milagros, que me arrastró violentamente tras de sí. Yo lo vi tan cerca de los que sufren, de los que lloran, de los que naufragan en esta vida de desamparo, que se encendió en mí el deseo ardiente de imitarle“. El 25 de Enero de 1927 entra en la Compañía de Jesús; que ocupará, a a partir de entonces, el centro de su existencia intelectual y moral y a la que se dedicará en cuerpo y alma hasta el final de su vida. Tras realizar estudios en EE.UU es destinado a la misión de Japón, siendo testigo directo de la explosión de la bomba atómica sobre Hiroshima. En 1954 es nombrado superior de los jesuitas en Japón. Realizó numerosos viajes pronunciando conferencias sobre su experiencia de Hiroshima y procurando recabar fondos para la Iglesia del entonces empobrecido Japón. La explosión atómica de Hiroshima fue para él un signo extremo de la tragedia humana, y un presagio de la más que posible autodestrucción del hombre que se alaba o vanagloria a sí mismo. Algunos años más tarde afirmará:

No es la atómica la más terrible de las energías, hay otras más temibles aún. La desintegración atómica no sería de temer si no estuviese al servicio de la humanidad desintegrada por el odio

En 1965, 22 de Mayo, fue elegido Prepósito General de la Compañía de Jesús (XXVIII General de la Compañía de Jesús), cargo que le exigió afrontar los tiempos críticos de los años sesenta. Su mandato se caracterizó por una decidida renovación de la misión de los jesuitas en el mundo actual, a la que imprimió un profundo sentido social. Ello propició que el gobierno de Arrupe al frente de la Compañía fuera controvertido en su tiempo, aunque nunca se puso en duda su buena fe y gran altura espiritual. Muchos reconocían que era un santo y achacaban a sus consejeros algunas decisiones comprometidas. A veces esas críticas le alcanzaban, atribuyéndole demasiada transigencia con los rebeldes y blandura en el trato con los díscolos. La aplicación de las indicaciones del Concilio Vaticano II fueron polémicas por la oposición cerrada del sector más conservador. Arrupe, siempre llevado por su amor inquebrantable a la Iglesia, se propuso llevarlas a la práctica desde dentro y con una profunda dimensión. Sin duda, Pedro Arrupe ha sido un puente de creatividad y evangélica osadía entre Oriente y Occidente, entre la Iglesia del Concilio y el postconcilio (del que es considerado “profeta”). En el momento de su renuncia, ya afectado por una trombosis cerebral, confirmaba en una hermosa alocución su transparencia y buenas intenciones durante su misión:

Durante estos 18 años mi única ilusión ha sido servir al Señor y a su Iglesia con todo mi corazón. Desde el primer momento hasta el último. Doy gracias al Señor por los grandes progresos que he visto en la Compañía. Ciertamente, también habrá habido deficiencias – las mías en primer lugar – pero el hecho es que ha habido grandes progresos en la conversión personal, en el apostolado, en la atención a los pobres, a los refugiados. Mención especial merece la actitud de lealtad y de filial obediencia mostrada hacia la Iglesia y el Santo Padre, particularmente en estos últimos años. Por todo ello, sean dadas gracias al Señor.

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Háblame muy frecuentemente en el fondo del alma y exígeme mucho, que te juro por tu Corazón hacer siempre lo que Tú deseas, por mínimo o costoso que sea.

El Padre Arrupe llevaba muy dentro una dedicación absoluta al Corazón de Cristo, caudal inagotable de fuerza sobrenatural. Su fe en Dios era tan recia, tan convincente que se transparentaba en toda su persona (Fernando Gª Gutiérrez, S.J.):

No hay nada más práctico que encontrar a Dios.
Es decir, enamorarse profundamente
y sin mirar atrás.
Aquello de lo que te enamores,
lo que arrebate tu imaginación, afectará todo.
Determinará lo que te haga
levantar por la mañana,
lo que harás con tus atardeceres,
cómo pases tus fines de semana,
lo que leas, a quién conozcas,
lo que te rompa el corazón…
y lo que te llene de asombro
con alegría y agradecimiento.
Enamórate, permanece enamorado
y esto lo decidirá todo.

Pedro Arrupe, S.J.

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Tomad Señor, y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento, toda mi voluntad, todo mi haber y mi poseer. Vos me lo disteis, a Vos, Señor, lo torno. Todo es vuestro, disponed a toda vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia, que esto me basta.

Unos días antes a su fallecimiento, ya gravemente enfermo, le visita Juan Pablo II para reconfortarlo. También en su lecho convaleciente recibió la visita de Teresa de Calcuta. Finalmente, el Padre Arrupe, el 5 de febrero de 1991 (día en que se celebra en Japón la fiesta litúrgica de los Santos Mártires de Nagasaki), entregó su alma a Dios en la casa generalicia de los jesuitas en Roma. Sus últimas palabras fueron: “Por el presente Amén y por el futuro Aleluya”. Hoy, precisamente, se cumple el 25 aniversario de su fallecimiento.

Pedro Arrupe

Enlaces recomendados:

Pedro Arrupe, un Jesuita Universal”, por Quirino Weber, S.J.: Aquí

Blog de Pedro Miguel Lamet: pedrolamet.com/Arrupe

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La Curia General de la Compañía de Jesús (Societas Jesu, S.J., o Jesuitas), está analizando la posibilidad de  solicitar la beatificación del Padre Pedro Arrupe, que murió en Roma el 5 de febrero de 1991. Para ello la Compañía ha pedido el envío de testimonios que ayuden a determinar si el Padre Arrupe posee “una verdadera reputación de santidad vivida en una parte importante del pueblo de Dios” con el fin de justificar la introducción de la solicitud para la apertura de un proceso de beatificación.

Virgen de Candelaria

Virgen de Candelaria 1

Virgen de Candelaria

Ya las campanas repican
bajo cristales de llamas.
Y en las rocas las espumas
abren sus flores de nácar.
En las arenas la Virgen
de joyas orificadas.
La multitud es inmensa.
Más inmensas las plegarias.
¡Qué bella la Morenita,
la Virgen de Candelaria!
Su rostro flor de canela;
su manto rosa del alba;
y a sus orillas dormida
¡a media luna de plata.
Ajorcas le pone el sol
con sus oros engarzadas
y lucen mas sus vestidos,
y brillan más sus alhajas.
Y, toda llena de espumas,
la mar canta enajenada.

II

Romeros de bronce y sueño
le rezan en la solana;
romeros en cuyos ojos
se durmió la madrugada.
Ojos de noche y camino,
ojos de copla y de lava,
ojos de luces prendidas
en los relentes del alba.
Fiesta de Nuestra Señora
con súplicas y con lágrimas,
con promesas y con rezos,
con coplas y con guitarras.
Remotas gentes que llegan
y rezan alborozadas;
gentes que cantan y gritan,
gentes que llanto derraman.
Más que la luz de los cirios
arde la fe de las almas.
¡Isla de amor encendida,
que rezas sobre la playa!

III

De los arcángeles Reina
de mi nave Capitana,
alumbre mis derroteros
el resplandor de tu llama.
Tú mas pura que la nieve
que de nuestro Teide es gala,
enciendes con tus fulgores
mis Islas Afortunadas.

                …

Tu rostro, flor de canela;
tu manto rosa del alba;
y a tus orillas dormida
la media luna de plata.

                …

Asómase ya la noche
a las más altas ventanas.
Y tú las olas escuchas
en la paz de tu morada.

Sebastián Padrón Acosta

El “extraño albañil de Santo Domingo” y “Y Miss Mary bailó” (dos breves historias)

convento santo domingo toledo

El extraño albañil del convento de Santo Domingo (Toledo)

Santo Domingo El Real es un viejo convento de Toledo donde viven un puñado de monjas dominicas. Sus paredes, cansadas ya después de seiscientos años de historia y de vida, amenazaron un día con descansar definitivamente sobre el suelo. Y he aquí que ante este hecho sencillo e irrefutable las monjitas no tuvieron más remedio que empezar una urgente reparación.

Las obras se iniciaron en el año 1963. Los costes de trabajos y jornales se fueron sufragando durante todo este tiempo. Llegó el año sesenta y cuatro y el ritmo de reparación y construcción siguió su marcha, confiando monjas y empresarios, en la misma generosidad que el año anterior había dado cuenta de todas las facturas.

Y sin embargo las cosas no siempre suceden como uno quiere o espera. Porque de pronto los donativos dejan de llegar en el momento en que una considerable suma de pesetas se ha invertido en las obras, sin que haya posibilidad de pararlas o de volverlas atrás para recuperar los gastos desembolsados.

Como en términos cristianos, desesperación es una de esas palabras que no tienen sentido alguno, las monjas no se tiraron por la ventana ni mucho menos. Aunque es preciso confesar que se llevaron un formidable susto y, que durante unas cuantas noches, no supieron lo que era en realidad dormir tranquilo.

Ah, pero en el convento de Santo Domingo existe una vieja talla de Fray Martín, querida y venerada por todas las monjas. Y –lo que es más importante- en el corazón de cada monja, Fray Martín tiene un altar con velas y plegarias.

– “Fray Martín, ruega por nosotros para que no se hunda el convento”.

– “Fray Martín, se nos van a mojar las novicias en los meses de lluvia”.

– “Fray Martín, nuestras enfermas se van a morir de frío”.

Se hicieron fervorosas novenas, se cantó una misa solemne, se celebró en honor de Fray Martín una Hora Santa y una procesión. Las monjas todas, hasta la más ancianas y enfermas, ayunaron a pan y agua para que Fray Martín con sus espléndidas manos morenas diese fin a las obras comenzadas.

Y de pronto, sin saber por qué, empieza a llegar dinero, y las obras continúan su ritmo ordinario. Bueno, en realidad sí se sabe por qué, ya que todo esto sucedió precisamente después de este elocuente S.O.S lanzado a Fray Martín, y porque a una monja le pareció ver las manos de Fray Martín –esas que empuñan la escoba y la cruz- manchadas de cemento.

Gentileza de María Jesús Galán (Toledo)

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Y Miss Mary bailó

Y Miss Mary bailó

Cuando Miss Mary bailó para nosotras en el locutorio para demostrarnos lo bien que ya lo podía hacer, estoy segura que San Martín también bailó de alegría. El P. Norbert Georges, O.P., el gran propagandista de la devoción al santo mulato, mandó a Miss Mary para que nos contara “su” caso que, en cierto modo concerniría también a nuestra propia “Blue Chapel”.

A consecuencia de un envenenamiento de la sangre causado por un sabañón, Miss Mary era incapaz de andar normalmente. Varios dedos del pie le habían sido amputados y los otros estaban permanentemente doblados bajo la planta del pie. Andaba solamente con los pies hacia fuera lo que le era extremadamente doloroso, y, como no podía moverse debidamente, las caídas eran frecuentes. Miss Mary era ferviente devota de San Martín de Porres de quien recibió muchos favores en el curso de los años. Sin embargo, nunca le había pedido que la curara. Hizo la novena en nuestra iglesia y semanalmente venía a hacer una visita a su amigo.

El 8 de junio llegó y, como era su costumbre, se sentó en el último banco y se quitó los zapatos para aliviar su dolor. Por primera vez rezó a San Martín: “Haz algo por mis pies”. Después de un pequeño descanso comenzó a hacer el viacrucis arrastrándose casi al apoyarse en los bancos. Cuando iba de la tercera a la cuarta estación notó que iba derecha y con facilidad. En la cuarta pudo hacer una genuflexión sin ninguna dificultad, cosa que antes no podía hacer. Con toda tranquilidad terminó. Fue al banco, se quitó los zapatos nuevamente. Sus dedos estaban flexibles y derechos, en una posición normal. Regresó a su casa, que dista casi tres millas, a pie.

De “Saint Martin Newsletter”

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Tres breves relatos acerca de Fray Martín

Soneto al Niño Dios

Niño Jesús Convento Benedictino Sta. Brigída

Soneto al Niño Dios

Te llamé con la voz del sentimiento
antes de la primera desventura,
te busqué con la luz, aún obscura,
que despuntaba en el entendimiento.

Pero siempre, Señor, sin fundamento.
Pero nunca, Señor, con fe segura,

porque la luz aquella no era pura
y aquella voz se la llevaba el viento.

Fue necesario que muriera el día,
que viniera la noche, que callara
la voz y que cesara la alegría,

para que yo te descubriera, para
que la desolación del alma mía
en el llanto del Niño te encontrara.

         Francisco Luis Bernárdez

Imagen del Niño Jesús: Monasterio Benedictino de la Santísima Trinidad (Gran Canaria)

¡Feliz Natividad de Nuestro Señor Jesucristo!

Adoración de los pastores

El Señor ha querido nacer también en nuestras vidas y en nuestras almas. En todo está el latido de su Nacimiento.

Nuestro Señor no nació en el mejor palacio como acaso le correspondía; nació en un lugar humilde y pobre, un pesebre. Y nació allí porque desde el primer día nos quiso enseñar que la redención sólo se hace con sacrificio. La Navidad nos anuncia que Dios se hace hombre y se hace niño por nosotros. Y, principalmente, nos anuncia el misterio de Dios que se hace carne -tomando nuestra mortalidad-, pues ha venido para salvarnos y conducirnos por las sendas de la verdadera dicha en este mundo para ser eternamente felices en el otro.

Se ha hecho niño para que tú puedas llegar a ser hombre; ha sido envuelto en pañales para que tú puedas ser librado del lazo de la muerte. Está en el pesebre, para ponerte a ti en los altares; está en la tierra para que tú llegues a las estrellas; no ha encontrado lugar en el mesón, para que tú puedas encontrar bastantes moradas en el cielo (San Ambrosio)

Por eso, la Navidad es una llamada a la paz, a la esperanza, a la salvación. Nos enseña que debemos renunciar a lo mundano y vivir en este mundo con mucho amor, de forma justa y piadosa, aguardando el advenimiento glorioso del Salvador nuestro Jesucristo. Encontrémonos hoy llenos de gozo, pues es el día de la misericordia sobre los hombres; la misericordia está siempre presente en nuestro Señor y es copiosa su redención: ¡Sálvanos por tu nacimiento, Señor!

Oración

Dios Todo Poderoso, que derramáis hoy sobre nosotros la nueva luz de vuestro Verbo encarnado, haced que la fe de este misterio se infunda también en nuestros corazones. Señor y Dios nuestro, haced del mismo modo, te lo rogarnos, que celebrando con alegría la Natividad de N. S. Jesucristo, merezcamos, por una vida digna de El, gozar de su presencia. Así sea.

St. Joseph's Church, Boyle (Irlanda)

La noche de Natividad es para todos un recuerdo purísimo que entristece sin afligir; los sueños de la infancia se deslizan en esa velada ante nuestros ojos bajo las formas de una aurora sonrosada (Joaquín Tomeo y Benedicto).

Gloria a Dios en el cielo y Paz en la tierra a los hombres que ama el Señor…Pues con la paz también se encuentra la gloria, ¡Feliz Navidad, llena de amor y alegría!

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Natividad del Señor: La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros (pdf)

A pesar de todo, creo

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A pesar de todo, creo

         por Jesús Vega Mesa

Creo en los amigos, a pesar de que hay quien no se cansa de contar las traiciones recibidas. Creo que hay motivos para la alegría, aunque algunos afirmen que no es posible mirar esta tierra y sonreír. Creo que acabarán las guerras porque creo en los pacifistas y los objetores y los que se defienden con el diálogo y el respeto. Creo en la Vida, porque no puedo resignarme a no ver nunca más a los seres que he querido y ya no viven. Creo que el mundo será mejor, porque veo a muchos que se esfuerzan por transformarlo.

Creo en el hombre y en el niño y en el joven porque, a pesar de su debilidad y la tentación que invita al egoísmo, nos muestran gestos solidarios. Creo en la igualdad para todos, porque veo diferencias y eso me hace sufrir y protestar. Creo que el mundo va a ser mejor, aunque las estadísticas afirmen lo contrario. Creo en la bondad, porque me basta conocer y comprender a mis amigos. Creo que se puede ser feliz en la tierra, porque lo he experimentado muchas veces. Creo que vale la pena luchar, porque muchos han vencido. Creo en las cosas que me parecen increíbles, porque no me fío sólo de la inteligencia. Creo en lo que no puedo demostrar, porque también creo al corazón. Creo en la otra vida, porque ésta me parece muy pequeña. Creo en la resurrección, porque creo que es posible salir de la droga y abandonar las envidias, mejorar la familia y cambiar de vida. Creo que Jesús resucitó, porque he visto a muchos resucitar del odio y de la desilusión.

Creo en lo que no he visto ni nadie me ha demostrado, porque me fío de la palabra de mis amigos. Creo en la poesía y en la utopías, porque son más exactas que las matemáticas. Creo en lo que no veo ni comprendo, porque sé que no puedo abarcarlo todo. Creo en mis amigos, porque me fío más de ellos que de mí. Creo en Dios y en Jesucristo como creo en Ricardo, Antonio, Adela, Mónica o Lili. Porque creo en su palabra y creo que me quieren. No necesito garantías, ni milagros, ni silogismos que demuestren que son amigos. Los creo y los quiero y eso me basta.

Cuando a un amigo se lo acepta por los títulos, por su currículum o porque “me entra por el ojo”, será cualquier cosa menos amigo. Sólo hay amistad cuando se acepta al otro como es, incluidos sus defectos. Cuando se cree en Dios porque hay pruebas, porque está demostrado científicamente, porque no choca con la razón, entonces no se hace un acto de fe, se comprueba una fórmula matemática.

No creo en las matemáticas. Yo creo en Dios. Y porque muchas veces no lo veo ni lo comprendo, creo mucho más.

*Jesús Vega Mesa, de su libro “Cartas al viento”

Jesús Vega Mesa nació en la Villa de Ingenio, Gran Canaria. Ha sido sacerdote en distintas parroquias de la Diócesis de Canarias y profesor en algunos institutos de la isla. Realizó la licenciatura de Teología Pastoral Práctica y ha ejercido como capellán en el Hospital-Instituto de los Hermanos de San Juan de Dios de Carabanchel. También fue fundador y director de Radio Tamaraceite, emisora parroquial de gran difusión que va camino de cumplir su vigésimo aniversario (1996-2016). Sin duda, un hombre muy querido por su compromiso social y su fructífera labor solidaria.

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Santos canarios, santos de todos los colores…

Solemnidad de la Inmaculada Concepción de María Santísima

Inmaculada Concepción

Purísima había de ser, Señor, la que quita el pecado del mundo. Purísima a la que, entre los hombres es abogada de gracia y ejemplo de santidad. ¡Bendita sea tu pureza, y eternamente lo sea!

La concepción de la virgen fue inmaculada, sin mancha, ungida con la gracia del Altísimo. Por el privilegio de Dios se vio en su origen puro y santo, libre del pecado original. Y, bendita entre todas las mujeres, fue llena de gracia desde el primer instante de su ser (“Alégrate, la llena de gracia, el Señor es contigo”, la saludó el Arcángel Gabriel).

Era Virgen en el cuerpo y en el alma, sin que en la sinceridad de su afecto hubiese el más pequeño engaño. Humilde de corazón, grave en las palabras, prudente en el ánimo, breve en el hablar, deseosa de aprender; puesta su esperanza, no en las inseguras riquezas, sino en los ruegos de los pobres; atenta en su trabajo, respetuosa en el hablar, acostumbrada a buscar consejo más bien en Dios que en los hombres…Sin nada de enojo en su mirada, nada inmodesto en sus acciones, nada descompuesto en su semblante, ni precipitado en el andar, ni destemplado en el decir, de modo que su exterior era vivo espejo del alma…”

San Ambrosio

Pío IX -el pontífice de la Inmaculada- instaura el dogma de la Inmaculada Concepción de María con estas palabras:

La doctrina que afirma que la Virgen, en el primer instante de su concepción, fue preservada inmune de toda mancha del pecado de origen por una singularísima gracia y privilegio de la omnipotencia divina y en atención a los méritos del Redentor del género humano, es doctrina revelada y ha de ser creída por los cristianos. (Bula Inefabilis Deus)

El Papa habla en la Bula de Definición de la santidad y gracia de la Virgen, “que no se concibe de modo alguno mayor después de Dios, y nadie puede imaginar fuera de Dios”. Y termina con estas palabras: “Nuestra boca está llena de gozo y nuestra lengua de júbilo, y damos humildísimas y grandísimas gracias a Nuestro Señor Jesucristo, y siempre se las daremos por habernos concedido, aun sin merecerlo, el singular beneficio de ofrecer este honor, esta gloria y alabanza a su Santísima Madre”.

La Santísima Virgen María, que reina gloriosa en cuerpo y alma desde el cielo, fue elegida madre de Jesucristo; de sus entrañas habrá de nacer el Mesías. Por eso Dios colocó entre ella y el espíritu del mal enemistades sin límites. Loor y alabanzas sin fin sean dadas a María y al Altísimo en este gran día: ¡Gloria a Dios! ¡Gloria a María Inmaculada!

Inmaculada Concepción 1

El color litúrgico de la Inmaculada

Ni el blanco, que es alegría;
ni el color negro, que es pena;
ni el verde, expresión terrena
de quien espera y confía;
ni el morado, que es tristeza;
ni el rojo, signo encarnado
del mártir y del soldado,
simbolizan tu pureza.

Y como en el miserable
mundo no exista color
que exprese bien el candor
de este misterio adorable,
la Iglesia, en su amante anhelo,
sube a su Trono a pedir
matices, para lucir
el azul puro del cielo.

                          C. y  O.

Inmaculada Concepción. Franz Ignaz Günther

Historia del dogma de la Inmaculada Concepción, por Pascual Rambla, o.f.m.

La Medalla Milagrosa: Escudo de Armas de María

Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa

“Madre de los pobres,
los humildes y sencillos,
de los tristes y los niños
que confían siempre en Dios.

Tú, que has vivido el dolor y la pobreza
tú, que has sufrido en la noche del hogar
tú, que eres madre de los pobres y olvidados;
eres el consuelo del que reza en su llorar.

Oh María, sin pecado concebida,
rogad por nosotros, rogad por nosotros,
que recurrimos a Ti”.

Medalla Milagrosa

La Medalla Milagrosa: Escudo de Armas de María

TRES insignias bellísimas de los dones con que el cielo adornó a María, vamos a enunciar ahora: son la enseñanza más preciosa, el timbre más florido del escudo de María. Fíjate en el reverso de la Medalla Milagrosa:

Las doce estrellas.- La luz es la que hermosea los cuerpos, y también las almas. Por eso la Escritura nos presenta a María envuelta en el sol, con los suaves resplandores de la luna por peana y coronada por las estrellas.

Estas doce estrellas simbolizan, dice San Bernardo, las prerrogativas de la Virgen: cuatro prerrogativas “del Cielo”, cuatro prerrogativas “de la Carne”, y cuatro prerrogativas “del Corazón”. Doce prerrogativas que la constituyen Reina del cielo, de la tierra y de los abismos.

La cruz y la letra M.- Por encargo de su Director, preguntó sor Catalina a la Virgen si en el reverso de la Medalla había que poner alguna oración, como la quería alrededor de la imagen en el anverso, y la Virgen le contestó: “Bastante dicen la letra M. y los Sagrados Corazones”.

La Cruz descansando en la M. nos dice que María es la Madre de Jesucristo, que por salvarnos murió en la Cruz. Nos dice que María cooperó no sólo con sus deseos y voluntad a la Redención, sino también que dio a Jesucristo el cuerpo que había de morir, que la “carne de Cristo, es carne de María”, que la sangre que purificó al mundo era sangre de María, sangre criada y conservada en sus purísimas entrañas. Durante nueve meses alimentó con su sustancia el cuerpo de Cristo, y cuando de esta Estrella hubo nacido el Sol, de justicia la Virgen aplicaba sus pechos a los labios santísimos de Dios; y de este modo comunicaba al Redentor la flor de la sangre virginal, que había de ser el precio de nuestra salvación.

A esta cooperación añadió los dolores con que en el Calvario ofreció su Hijo al Eterno Padre.

María es la Madre de Jesús muerto en la cruz, al pie de la cual estaba, como vaso precioso, recogiendo la sangre preciosa para aplicarla luego a todo el género humano. Es la Madre espiritual de todos los redimidos, y todos somos hijos de sus dolores.

Los Sagrados Corazones.- El corazón es el asiento y símbolo del amor. La unión de estos dos corazones significa que son inseparables, que un mismo deseo ardoroso los une: el deseo de la salvación de toda la humanidad.

Pero el amor engendra sacrificio, y en las llamas vivas de su amor se inundaron estos dos Corazones para purificar y santificar a todos los hijos de Adán. Son las dos avecillas que el Levítico mandaba ofrecer por los inmundos leprosos, previniéndole al sacerdote que la sangre de la una manchase a la otra. Muere Jesús en la cruz y María bebe el amargo cáliz de la Pasión, y refleja en su Corazón las penas de su amado moribundo. Los dos cargaron sobre sí las iniquidades de los hombres.

Por eso aparecen en la Medalla Milagrosa los dos Corazones: el de Jesús, rodeado de espinas y derramando sangre; el de María, circundado de rosas y atravesado por una espada: ambos unidos en el mismo amor y en el mismo sacrificio.

Hagámosle una ayuda a su imagen, dijo Dios cuando crió al hombre. Cuando Dios vio padecer a su Hijo quiso darle una ayuda, que se le pareciese en todo la Santísima Virgen.

¿No es verdad, lector, que la Medalla Milagrosa es un compendio de Teología Mariana y que merece el nombre de «Escudo de Armas de María».

Rafael Cabrera, 1937. Voz Celeste (Padres Paúles)

Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa 1

Himno a Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa

Míranos, ¡oh,Milagrosa!
Míranos, Madre de amor.
Míranos, que tu mirada
nos dará la salvación.

Son tus ojos los luceros
que en la noche del dolor,
dan aliento y esperanza
al humano corazón.

De tus manos extendidas
brotan rayos de fulgor:
son las gracias escogidas
que a tus hijos da el Señor.

¡Milagrosa! la plegaria
que a ti sube en un cantar,
a nos, vuelva transformada
en celeste bendición.

Te coronan las estrellas
con un nimbo de esplendor:
eres Reina de belleza,
de bondad y de perdón.

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Origen de la Medalla Milagrosa

Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo

Jesucristo, Rey del Universo

Rey en sí mismo; Rey en la infinitud. Venga a nosotros tu Reino, Señor Dios.

El Reino de Jesucristo, que está dentro de cada uno, que nos impulsa a crecer en todas las dimensiones humanas, contribuir al bien de los demás, gastar la vida en servir especialmente a los más desgraciados, porque así es y se hace el Reino de la Verdad, de la justicia, la libertad, el amor, la vida, la paz. Así esta será nuestra Alianza, nueva y eterna.

Oración a Cristo Rey

¡Oh Cristo, Tú eres mi Rey!
Dame un corazón caballeroso para contigo.

Magnánimo en mi vida: escogiendo todo cuanto sube hacia arriba, no lo que se arrastra hacia abajo.

Magnánimo en mi trabajo: viendo en él no una carga que se me impone, sino la misión que Tú me confías.

Magnánimo en el sufrimiento: verdadero soldado tuyo ante mi cruz, verdadero Cireneo para las cruces de los demás.

Magnánimo con el mundo: perdonando sus pequeñeces, pero no cediendo en nada a sus máximas.

Magnánimo con los hombres: leal con todos, más sacrificado por los humildes y por los pequeños, celoso por arrastrar hacia Ti a todos los que me aman.

Magnánimo con mis superiores: viendo en su autoridad la belleza de tu Rostro, que me fascina.

Magnánimo conmigo mismo: jamás replegado sobre mí, siempre apoyado en Ti.

Magnánimo contigo: Oh Cristo Rey: orgulloso de vivir para servirte, dichoso de morir, para perderme en Ti.

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Carta Encíclica QUAS PRIMAS del Sumo Pontífice Pío XI sobre la fiesta de Cristo Rey

Eucaristía por el inicio del Jubileo de la Orden de Predicadores

Mensaje del Maestro de la Orden de Predicadores para el Jubileo

El día del Señor Parroquia de San Pedro Mártir

Eucaristía por el inicio del año jubilar de la Orden de Predicadores en su 800 aniversario

Vídeo: El Día del Señor – Parroquia de San Pedro Mártir

Homilía completa de Fray Javier Carballo, O.P (pdf)

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